domingo, 31 de enero de 2016

Cuatro cuentos brevísimos sobre la inutilidad de los tontos

A mi amada

1.

     Hitler comenzó una guerra para devolverle a su país sus antiguas fronteras pero él la comenzó para que las del suyo tuvieran forma de gatito.

2.

     En aquella casa, se rezaba el rosario todos los días pidiéndole a la Virgen María que el Real Madrid ganara la Champions y que los homosexuales no tomaran el poder en España.

3.

     Ellos querían la independencia de su patria porque eso les haría felices pero los otros no se la daban porque lo que les hacía felices era fastidiar.

4.

     Porque destripaba animales, se sentía doctor.

sábado, 30 de enero de 2016

Once relatos brevísimos sobre el rigor en el juicio

A I. D. S.

1.

     -Te ha sonreído, ¿por qué no te has acercado para ligar con ella?
     -No me gusta.

2.

     -Está buenísima.
     -No tiene estudios.

3.

     -¿Ya no la amas? ¿Qué te ha hecho?
     -Avergonzarse de mí.

4.

     -He renunciado a ella porque ya estoy seguro de que no podría atraerla como hombre.
     -¿Cómo lo has sabido?
     -Me ha preguntado una dirección y es una de las cosas que peor se me da.

5.

     -¿Por qué no vienes donde está toda la gente? Aquí solo no vas a encontrar novia.
     -La mujer que de verdad pudiera quererme a mí también se alejaría de la gente.

6.

     -¿Qué tienen de malo los toros y la canción española y los humoristas de la tele para que renuncies a esa mujer con ese cuerpazo solo porque a ella sí le gustan?
     -Que son cosas que gustan por obligación.
7.

     -No sé qué defecto le ves a esa chica si es inteligente, preparada, simpática, sencilla, honesta...
     -Que no deja de darlo a entender.

8.

     -Si tanto te gusta, ¿por qué no se lo dices en lugar de estar aquí amargado deseando la muerte y diciéndote que nunca vas a tener una novia? ¿Tendría que adivinarlo acaso?
     -Sí...

9.

     Toda su juventud la pasó sin encontrar pareja por ser demasiado exigente y pasados los cuarenta años, creyó que la vida cerraba para siempre la puerta a su felicidad y que era el mundo el que había sido cruelmente exigente con él pero en ese momento, consiguió el amor de la mujer que satisfacía todas sus expectativas y celebró su propia sensatez por haber tenido tanto rigor para las mujeres porque gracias a esa actitud, había perdido su juventud pero había evitado perder la vida entera.

10.

     Llegó a creer que no había mujer para él en toda la Tierra y cuando al fin encontró una, no le cupo duda alguna de que era ella la única.

11.

     No transigía con la maldad de las personas y para obligarlas a ser totalmente bondadosas, las culpaba de ser ellas las intransigentes.

viernes, 29 de enero de 2016

El hombre que creía que el amor era mentira

A I. D. S.

     Era murciano y había vivido toda su vida en la ciudad de Murcia, había ido al colegio de niño, había estudiado luego en el instituto y más tarde cursó una carrera universitaria, todos los años celebraba la Navidad y asistía a las Fiestas de Primavera, todos los fines de semana, salía con los amigos de copas y en casa veía la tele junto a su educada familia, su vida social nunca había sufrido merma alguna y sin embargo, estaba convencido de que quienes le mostraban afecto fingían porque el amor no era verdad, se prestaba a dar besos pero no veía en ellos más que un ritual protocolario sin sustancia alguna, todo cuanto era capaz de ver en las expresiones de calor humano eran apariencias para agradar a la opinión y llenar vacíos por compromiso. No tenía problema en admitir la posibilidad de que estuvieran visitando nuestro planeta civilizaciones extraterrestres o de que en el lago Ness, hubiera escapado un dinosaurio a la extinción que sufrieron los demás miembros de su género pero el amor no le cabía duda alguna de que era mentira y que así lo consideraba en el fondo el resto del mundo. Cuando conocía a una persona nueva, le dejaba más indiferente que si hubiera sido una estantería nueva o un frigorífico nuevo para su casa. Y así fue hasta que una vez hizo un viaje por causa del trabajo a Tarragona y esperando el tren, entabló una conversación con una mujer muy diferente a cuanto había conocido en la vida y tan inesperado placer recibió con todo lo que observaba en ella que se le despertó un cosquilleo en el pecho, se intercambiaron las direcciones y se hicieron el propósito de seguir en contacto convertidos en amigos instantáneamente. Su cosquilleo en el pecho no se le fue ni por la noche, ni al día siguiente, ni en una semana y como era inteligente, sin que nadie se lo aclarara, supo comprender que aquello no era otra cosa que amor de verdad.

martes, 26 de enero de 2016

Los vecinos

     El trabajo en el taxi había trasladado al centro de sus pensamientos corrientes su viejo afán de reprocharle a la vida su fracaso. Era especialmente frustrante para un hombre solitario viajar en compañía de desconocidos que guardaban silencio o que hablaban de temas tan habituales y obvios que apenas le permitían atribuir un alma a quien los sacaba a relucir, que repetía cuanto estaba cansado de oír a todo el mundo como si todas esas personas fueran producto de la mecánica en el mismo grado que su automóvil o como si creyeran que lo era él. Apenas unos minutos después de que montaran, volvían a irse y a él le dejaban con la sensación de que no había montado a nadie y de que había estado solo todo el tiempo. Se creía objeto de un trato desigual por parte del destino porque a la gente normal no la hacía prescindir cruelmente de la compañía, ni le daba una existencia tediosa y triste, ni la volvía insignificante para sus semejantes como hacía con él. Su amargura se cargaba de infantil añoranza oyendo las voces, los gritos, las carcajadas y muestras de alegría o de admiración del piso adyacente al suyo, donde se hospedaban unos estudiantes de fuera, manifestación de una vitalidad y unos goces que creía vedados para él y que al mismo tiempo, deseaba con tanto ímpetu que a veces sus ojos se llenaban de lágrimas con el ruido que oía desde su dormitorio, herido en el centro de su corazón porque aun ansiando los placeres de la amistad y el contacto humano de aquella manera tan intensa con que parecían gozarlos aquellos jóvenes, se imaginaba odioso para sus semejantes e incapaz de conseguir para su propia vida lo que aquellos chicos afortunados tenían. A veces se tropezaba con ellos o los veía a la puerta de su casa, una de las chicas era fascinante, parecía una princesa, hubiera querido hablar con ella, ser su amigo íntimo, contarle sus penas, enseñarle sus poemas pero cuando estaba delante de ella, no sabía qué decir, su cara permanecía inexpresiva preso de una honda confusión y temor y pese a la intensidad con que soñaba con aquella persona, pasaba por la más indiferente de las presencias. En su cama, escuchando lo que le dejaba oír el delgado tabique, ponderaba amargamente el contraste que había entre la poderosa luz que envolvía las vidas de aquella gente y la sombra desoladora y desengañada que se abatía sobre la suya por una irremediable fatalidad.

jueves, 21 de enero de 2016

Cinco relatos breves sobre la enfermedad

1.

     Un médico estaba tan obsesionado por guardar su salud y alejar la muerte que se fue sumergiendo en campos cada vez más profundos de la ciencia y tan cerca llegó de los fundamentos de la vida y tan oscuros son estos que se quedó ciego de cuerpo y alma y su muerte fue tan patética que aparentaba un castigo.

2.

     Solo cuando enfermó de gravedad, comprendió que también él mismo era otro.

3.

     Era un gran maestro del ajedrez y sabía lo complicado que era tumbar a ciertos rivales y la malicia que hacía falta y se le hacía difícil tomar a su enfermedad como algo sin capacidad para la reflexión.

4.

     Estaba sola, cargada de años y dolencias pero abandonada por sus hijos. Se sentía fracasada, el bien que pensaba que había hecho en el mundo no era agradecido y no parecía haberle servido para nada, a veces, aún sufría una migraña que le afectaba desde su infancia y no la recibía con disgusto porque de algún modo le hacía compañía.

5.

     Enfermó e hizo las paces con su hermano y a consecuencia de ello, su enfermedad le pareció más ligera de llevar porque ya no sentía que nadie se la deseara.

lunes, 18 de enero de 2016

Nuru

     Nuru había vivido sus primeros cincuenta años en su aldea de Tanzania convencido de que tenía derecho a vivir no más que por ser  humano porque siempre había escuchado que todos los humanos eran iguales pero de pronto, había llegado al pueblo un hombre con algo puesto sobre la cabeza que les dijo que en adelante tenían que obedecer lo que él dijera. Los aldeanos preguntaron por qué y aquel hombre respondió que porque tenía más importancia y era más respetable que ellos. Nuru, muy angustiado por la nueva situación, que perturbaba su amada libertad, reflexionó brevemente sobre qué hacía a aquel hombre más importante y respetable que los demás y concluyó que era lo que llevaba sobre la cabeza, de modo que se acercó a él, se lo arrebató con agilidad y corriendo para no ser alcanzado se dirigió al río y allí lo tiró.

viernes, 15 de enero de 2016

Seis relatos de catástrofes imaginarias para uso de controladores (VI)

     La primera vez que vio un mono era muy niño, vio lo feo que era en comparación con una persona y la gracia que le hacía a todo el mundo y sintió que la peor catástrofe que le podía sobrevenir en la vida era convertirse de pronto en algo como aquello.

Seis relatos de catástrofes imaginarias para uso de controladores (V)

     El científico que aguardaba a recibir el premio Nobel de Física en la ceremonia que tendría lugar al día siguiente estaba en el hotel de Estocolmo junto a su esposa leyendo el periódico cuando de pronto, a ella, para tranquilizarse de que todo iría bien en su hogar, se le ocurrió preguntarle si estaba seguro de que había dejado cerrada la llave del gas.
     -No lo recuerdo. ¡Bah...! No tiene importancia. Olvídate ahora de eso -dijo él sin levantar los ojos del periódico.
     -¡Cómo dices eso! -exclamó ella enfurruñada-. Te pedí que la cerraras cuando íbamos a salir. Puede explotar la casa por la más mínima fuga que haya. ¿Quieres que nos quedemos sin casa, pelanas?
     -¡Respétame, Mildred, soy un premio Nobel! -dijo él algo indignado.
     -¡Premio tuercebotas! ¡A hacer las maletas! -le dijo ella golpeándolo con su revista-. Diles a los organizadores que te has puesto enfermo. Hay que cerrar esa llave. Lo primero es lo primero...

Seis relatos de catástrofes imaginarias para uso de controladores (IV)

     El arco iris ya no va a salir porque por el calentamiento de la atmósfera, la humedad ya no se retiene en el aire y los rayos de sol ya no tienen dónde descomponer sus colores. Se ha creado un depósito para recoger todas las fotos que existan del arco iris para dejar testimonio a la posteridad de este fenómeno recién extinto. Habrá que buscar otro símbolo para la esperanza y la paz de la humanidad entre los pocos espectáculos naturales que van quedando. Se cree que ahora los pájaros nacerán con el plumaje totalmente blanco y que ya no va a ser posible soñar con volar porque ya no hay puente con el que subir al cielo, suena triste pero los científicos argumentan que más triste es Leonard Cohen y la gente se tira de los pelos por escucharlo.

Seis relatos de catástrofes imaginarias para uso de controladores (III)

     Un obrero entró en un bar a desayunar y pidió un bocadillo de tortilla de patatas, nadie tiene idea de qué había de más en ese bocadillo pero en cuanto se lo comió, notó que había perdido el instinto del afecto.
     -Pepe -le dijo alarmado al dueño del bar-, ¿pues no que te estoy mirando y ya no me caes bien?
     -Pero, chico, ¿y qué te he hecho yo?
     -¡Nada, hombre, no te preocupes! -respondió el obrero-. Es solo que ya no me haces tilín... Dime alguna simpatía, anda, no seas seco.
     El dueño del bar creyó que bromeaba pero ahora todos en el pueblo saben que ese hombre ya no quiere a nadie a causa del bocadillo que se tomó.

Seis relatos de catástrofes imaginarias para uso de controladores (II)

     Está a punto de empezar una guerra mundial, la van a llamar Tercera, Cuarta y Quinta Guerra Mundiales porque va a ser tan grande que parecerán tres juntas, las reservas de uranio del planeta se van a agotar por todas las bombas nucleares que tendrán que lanzarse pero esta guerra es necesaria, el mundo entero la encuentra razonable y nadie tiene nada que objetar.

Seis relatos de catástrofes imaginarias para uso de controladores (I)

     Dios tiene un dolor en la espalda, todo el Paraíso Celestial está entristecido y paralizado, se sospecha que es cáncer, los análisis no dan nada pero ¿quién sabe? Y si Dios se muere, ¿quién deleitará el Cielo, a quién se le mirará al rostro para sentir la bienaventuranza, qué aleluyas y Hosanas cantarán los coros, qué cabeza despejada cuidará de las leyes del universo, dónde irá a parar el blanco de las vestiduras talares, a quién se le rezará en los momentos de apuro, seguirá siquiera existiendo el universo muerto su creador? No se siente alivio ni en las exclamaciones de consternación porque instintivamente todos dicen: “¡Dios mío!” y al caer en la cuenta de que es Él mismo la causa de esa imploración, se sienten aún más angustiados.

viernes, 8 de enero de 2016

Cuento sobre la satisfacción de una profunda sed de amor

A I. D. S.

     En su perfecta familia, nadie admitía por lo normal tener defectos o haber incurrido jamás en error o culpa alguna pero nunca faltaba en sus lenguas algún vicio ajeno que condenar y del que acusar a sus semejantes para que su integridad moral quedara más a la vista. Él fue educado para evitar toda flaqueza y avergonzarse de ellas. Al amor, como cosa inútil e irracional, no se le daba tanta importancia como a un negocio bien planeado y correctamente llevado a término que incrementara la cuenta bancaria o mejorara la propia imagen ante los ojos de la opinión. Por ello acabó creyendo que su ansia insatisfecha de afecto se debía a que su ser estaba corrompido y cargaba con una mancha indigna, se imaginaba que nadie en el mundo sentía su zozobra y su fragilidad y las achacaba a una enfermedad vergonzosa que hundía en el oprobio a su agobiada persona. Estaba persuadido a tomar el hábito sacerdotal pero su mundo interno cambió cuando murió el abuelo y para su sorpresa, comprobó que lejos de mostrar todos la apariencia propia de almas con moral de piedra y dignidad de hierro, se entregaban a cobardes muestras de zafio egoísmo y sin disimulo, traspasaban los límites de lo decente en su lucha por conseguir la mejor parte de la herencia. Aquel episodio le reveló la auténtica naturaleza de aquella impasible virtud y aquella fuerza invulnerable que tan empequeñecido le habían hecho sentir por carecer de ellas, empezando a ser consciente de pronto de la sórdida hipocresía y la gris cobardía que se escondía detrás de aquellas máscaras de intransigencia, desprecio y arrogancia, perdió definitivamente el respeto hacia las demostraciones de jactancia, que ya no pudieron intimidarlo ni llevarlo a engaño como hasta entonces y su mirada hacia todas aquellas creencias que le habían impuesto sin que las acabara de asumir su corazón se llenó de ironía y sarcasmo y el miedo a sus semejantes dio paso a una actitud de rebeldía que siempre había estado larvada en su interior. Se olvidó de su proyecto de convertirse en sacerdote y anheló el amor de una mujer pero aún lleno de dudas acerca del valor que pudiera tener para otro ser humano, se entregaba interiormente a lamentarse de su insignificancia y codiciaba la fuerza del rayo o de los volcanes para tener algo con que seducir a una bella mujer. Para encontrar pareja mucho más fácilmente, creyó que debía afectar el orgullo del macho porque suponía que era lo que hacía ver a las mujeres que un hombre lo era de verdad, llenaba su conversación con ellas de irónicas insinuaciones sexuales y chistes brutales sin que consiguiera llegar a nada con ninguna hasta que decidió que no tenía más remedio que probar el alcohol para que las mujeres se persuadieran plenamente de que era un verdadero varón adulto. Pero el día escogido para estrenarse, tras pedir al camarero lo mismo que estaba tomando la asombrosamente hermosa chica con la que se había puesto a hablar aquella noche en el bar y tragar el primer sorbo del vaso, de inmediato se sintió tan mareado que se cayó de la silla y quedó tendido en el suelo. Ella se precipitó en su ayuda tratando de reanimarlo. Cuando él abrió los ojos, considerando ya absolutamente improcedente disimular la debilidad que estaba convencido que padecía su persona, olvidado su papel de macho orgulloso, le dio las gracias y le confesó que jamás había bebido alcohol porque en su casa se consideraba cosa de borrachos, él creyó que esa declaración haría marcharse a aquella linda muchacha pero lejos de eso, fue entonces cuando su sonrisa se mostró más luminosa.