miércoles, 25 de noviembre de 2015

Siete cuentos sobre la diferencia entre un artista y un capitalista

1.

     Un artista meditó seriamente en un momento crucial de su vida acerca de cuál era el fundamento máximo de la felicidad de un ser humano y llegó a la conclusión de que era el amor; un capitalista, repantigado en el sillón de su despacho en una breve interrupción del agobiante trabajo para descansar la espalda, se puso a fantasear sobre qué le haría a él más feliz y creyó descubrir que sería un Mercedes nuevo o en su ausencia, una panzada de marisco.

2.

     Un artista escribió veinte odas a su amada y las publicó en un libro para compartir con sus semejantes sus sentimientos reflejados en ellas; un capitalista compró el volumen y vio bien utilizarlo para nivelar las patas de su cama, que se habían descompensado.

3.

     Un artista no quería hacer mal en el mundo y para no hacerlo escuchaba siempre lo que le decían sus sentimientos más esenciales; un capitalista quería evitar que la gente le reprochara sus abusos y por eso siempre cumplía cuando era observado con los preceptos de la religión que aprendió en el catecismo, así, todos pensaban que era buena gente en realidad.

4.

     Un artista, en el momento final de su existencia, repasó en su mente toda la experiencia de su vida y comprobó feliz que no había dejado nada esencial para un ser humano por hacer, había cumplido sus deberes de hombre y obedecido los dictados de su corazón, había sido más dichoso que en el Paraíso porque había satisfecho en su integridad su instinto humano y murió en paz; un capitalista, cuando vio que iba a morir, empezó a temer las penas del Infierno, miró hacia atrás y todo lo que había hecho y lo que le había preocupado le pareció absurdo y estúpido, se preguntó por fin qué era aquello del mundo, porque nunca había pensado en ello de forma deliberada, y no vio manera de responderse, todo lo encontró extraño, cuanto conocía del universo por la ciencia o la religión le parecieron decepcionantes banalidades que no le aclaraban nada en aquel momento, percibió tanta oscuridad en cuanto le había sucedido en la vida que le pareció irreal y ni siquiera tuvo la certeza de que hubiera nacido de verdad, murió sintiendo que ninguna de las cosas que había estado haciendo había sido de provecho alguno.

5.

     Un artista despreciaba el afán por el dinero, al que tenía por herramienta del Diablo y aun así escribió un manifiesto para demandar un salario mucho más digno para los trabajadores de su país; un capitalista pensaba que el dinero era el benefactor de la humanidad y que en él todo era perfecto en contradicción con la pobreza que traía el comunismo pero no quería alzar su voz contra el sufrimiento de todos aquellos pueblos que debían ser exterminados cruelmente para que el capitalismo pudiera cumplir sus promesas.

6.

     Un artista se sentía orgulloso ante todo de ser un ser humano pleno, sin mutilación alguna y por eso nunca buscó vanagloria porque, cuando despreciaba a otro ser humano, sentía que estaba despreciando una parte real de sí mismo, el honor que buscaba era simplemente el de un hombre cualquiera en su más alto apogeo; un capitalista tenía un orgullo tan insignificante que siempre necesitó que los demás lo admiraran para admirarse él, lo que le enorgullecía era ser mejor que los otros, superarlos, humillarlos y hacerles daño porque competía con ellos por el prestigio, poco le importó siempre que otro ser humano careciera de lo que necesitaba aun pudiendo dárselo él porque en la inferioridad de los demás, basaba él su gloria.

7.

     Un artista, se encontró ante una grave dificultad, recurrió al saber y la venció por completo de forma totalmente inofensiva; un capitalista, en esa misma situación, ocultó la verdad para poder destruir todo lo que le estorbaba y cuando ya lo había conseguido, descubrió que su dificultad había aumentado y había que volver a empezar.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cuento sobre el candor de la apariencia de mi amada


   -¿Y si en lugar de estas tinieblas, donde me encierra para siempre el destino, hubiera llegado a un mundo donde mis ojos pudieran ver cuanto me rodea y descubriera que la vida era inocente y dulce, apacible y despreocupada, que todo lo que existía hasta el infinito, en lugar de esta siniestra penumbra habitada por sombras de las que nada espero, era bello, bondadoso y benigno, alegre y adecuado para mí? ¿No habría sido hermoso? ¿No tendría razones para bendecir mi existencia en lugar de para aborrecerla como en realidad me sucede? -esto decía el corazón de un niño del África subsahariana que acababa de nacer en lo más profundo de la noche y contemplaba ahora desde su cuna de bambú la oscuridad de su choza apenas aliviada por los débiles rayos de una luna creciente; mientras lo decía llegó el alba y la claridad que podía percibir aumentó y al poco, pudo ver al fin aquella luz con la que soñaba sin que todavía pudiera persuadirse de que la vida era dichosa y feliz porque no veía más que el frío techo de su casa pero finalmente, el rostro de su padre apareció ante él mostrando una alegre sonrisa, le tomó en brazos y lo llevó afuera y le puso de cara a oriente para que contemplara cómo la aurora había invadido todo el horizonte, en ese instante, sintió una desmedida fascinación por el misterio que le mostraban sus ojos y su corazón dijo:- La realidad son los sueños...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Quince cuentos de siete palabras sobre la diferencia entre la superioridad y la suficiencia

1.

     Su opinión era respetada... Era la obligatoria.

2.

     Decía palabras muy complicadas. ¡Qué extraño loro!

3.

     Subió al estrado... para enseñar el pene.

4.

     Quería tener razón pero defendiendo su mentira.

5.

     Despertaba gran admiración... solo en sus perros.

6.

     No quería dar sino que le dieran.

7.

     Siendo un completo traidor, quería altos honores.

8.

     Se sintió hombre digno porque había asesinado.

9.

     Traje de soberano y alma de siervo.

10.

     Afectó virtud para someterme a su dominio.

11.

     Nunca aprendió nada porque solo estudió leyes.

12.

     Nunca fue niño, siempre se fingió mayor.

13.

     Era inmortal, no tenía valor para morir.

14.

     Fue temible guerrero, si sangraba, se mareaba.

15.

     Vivía en servidumbre, redimido de la verdad.

martes, 3 de noviembre de 2015

Un cuento completamente pesimista, otro rebosante de esperanza y otro de ambas condiciones

1.

     -He leído un libro de hace diez siglos muy extraño, con palabras muy raras -dijo un estudiante a otro-, una de ellas se me quedó grabada porque la repetía muchas veces pero no tengo ni idea de lo que significa.
     -A ver, ¿cuál? -dijo el otro estudiante.
     -Verdad -respondió él.
     -Yo tampoco lo sé -dijo el otro estudiante-, quizá una especie  animal extinguida o una prenda que ya no se usa.

2.

     Si él hubiera sido un hombre en plena posesión de las cualidades que es de esperar de nuestra especie, de inteligencia y estructura mental normal, libre para hacer lo que deseara de verdad y que se dejara llevar por sus emociones naturales con desembarazo, intacto en su espíritu el orgullo del que nos dotan los genes, no se habría hecho ladrón, ni asesino, ni habría cometido abusos sexuales, ni habría acabado su vida en la cárcel, más bien, con toda probabilidad, su instinto no deformado por la enfermedad y la represión le habría impulsado a librar de todo mal a sus semejantes.

3.

     Los diablos seguían dueños del Infierno y los ángeles en el lejano Cielo, sin que su luz influyera sobre las cosas del mundo, los hombres parecían espíritus mediocres viviendo entre los unos y los otros una vida breve y sin verdadero brillo moral, él se estaba yendo amargado por el agravio del papel que le otorgaba semejante estructura cósmica pero cuando empezó a perder la conciencia de su entorno y quedó encerrado en su mundo interior, que era en rigor, el único que conocía y en el que vivía desde que abrió sus ojos al nacer, se dio cuenta de que era él y solo él el verdadero universo y cuando la muerte al fin acabó con su cuerpo, como todo aquel universo suyo estaba protegido por una hermeticidad de la que no podía librarse y no podía evacuarse hacia otro lado para vaciarse y morir, siguió existiendo y sintiendo y gozando y creando otros mundos donde poder imaginarse libre de aquella infinita soledad.