sábado, 31 de octubre de 2015

Diez cuentos de fantasmas de cuatro palabras para regalar a mi amada este Halloween

1.

     Acariciaba sin las manos.

2.

      La materia es irreal.

3.

     Los límites no existen.


4.

     Solo muere el logos.

5.

     Cuánto ignoran los sentidos.

6.

     Lo real es invisible.

7.

     Solo carne, simple expresión.

8.

     Existimos sin un dónde.

9.

     No amó, no percibió.

10.

     Dios es el mortal.

viernes, 30 de octubre de 2015

Veinte cuentos de miedo de dos sílabas y uno de una para contarlos en Halloween si hay tiempo

A Susana Escarabajal Magaña

1.

¡Oh! ¡Ah!

2.

Zigzag...



3.

Mata...

4.

Sexo.

5.

¡Chitón!

6.

Tumba...

7.

No, sí...

8.

Pala.

9.

Libre.

10.

Mancha.

11.

Rata.

12.

Miedo.

13.

Gasa.

14.

Din-don.

15.

Ató.

16.

Fingió.

17.

Control.

18.

Turbio.

19.

Fuerza.

20.

Muro.

21.


Dios.

jueves, 29 de octubre de 2015

Veinte cuentos de miedo de cinco sílabas para contarlos en Halloween a no ser que se haga demasiado tarde

A Lluvia Rojo

1.

     Paró el tiempo.

2.

     Fatuo inmortal.



3.

     Único vivo.

4.

     Rezó obsceno.

5.

     Piojo con poder.

6.

     Se oyó a Dios.

7.

     Rico y pobre.

8.

     Miedo, soledad.

9.

     La vanagloria.

10.

     Faltó orgullo.

11.

     Amó odiando.

12.

     Muerto forzudo.

13.

     Prisión bonita.

14.

     Mentira sucia.

15.

     Niño cobarde.

16.

     Desamor frío.

17.

     Lo sufrió otro.

18.

     Loco muy formal.

19.

     Diablo con reuma.

20.


     Cura con alas.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Veinte cuentos de miedo de dos palabras para contarlos en Halloween

A Cherien Dabis 

1.

     Malo malo.

2.

     ¡Pero cómo!

3.

     La muerte.

4.

     Todo perdido.

5.

     Le cazó.

6.

     ¡Qué caras...!

7.

     No existía.

8.

     Más oscuro.

9.

     De fuera.

10.

     Demasiado silencio.

11.

     Parecían manos.

12.

     Otra vez.

13.

     Sin freno.

14.

     Planta mala.

15.

     Seguía igual.

16.

     ¡Dos corazones...!

17.

     Habitaba espejos.

18.

     Mucha carne.

19.

     Derramaba fatuidad.

20.

     Desobedeció inocente.

sábado, 24 de octubre de 2015

Cuatro cuentos sobre la nariz de mi amada

1.

     Había tenido sueños asombrosos durante la noche y al despertar, me sorprendió el olor de los dulces navideños y del humo aromático del horno en el que se cocían, cuyas emanaciones llegaban a mi dormitorio desde el patio, era mucho más tarde de la hora a la que me levantaba para ir al colegio y me sentía descansado y lleno de energía e ilusión, me vestí y salí de la habitación ansioso por echar mano de uno de aquellos mantecados estrellados o una de aquellas tortas de calabaza y por disfrutar de aquel día de libertad sin obligaciones ni limitaciones y al abrir la puerta de casa para salir afuera, el asombro y la fascinación me estremecieron de gozo porque vi que la alejada montaña a la que daba aquella puerta exhibía en su cima un reborde blanco y reluciente de nieve recién caída.

2.

     Sobre un tallito rectísimo, como si, ávida de la pureza del cielo, se estirara hacia este todo cuanto le fuera posible, había una flor blanca recién abierta, tan hermosa, tierna y deleitosa que un grupo de hadas revoloteaba fascinado a su alrededor.

3.
     Cuando miraba al rostro de ella, se le antojaba que, en la puntita redonda de su nariz, había luz, no visible y pegada a ella como la de una luciérnaga sino encerrada en su esencia, que, ocultamente, se extendía por la inmensidad y llegaba hasta las estrellas y recibía de los ángeles el espíritu de la paz y la bondad.

4.

     Dos hombres estaban estudiando el mismo fenómeno, un científico y un enamorado, el científico llegó a la conclusión final de que el fenómeno era explicable y completamente banal, el enamorado, en cambio, desembocó en la certidumbre de que estaba en el secreto de la existencia y la felicidad y ante el umbral del enigma de la vida, las afirmaciones del científico perdieron todo su valor y transcendencia pasado un siglo pero las del enamorado, semejando ser las más fantasiosas, vencían la barrera del tiempo y ni la eternidad las borraba porque cada vez que el amor, dondequiera que surgiera, se dedicaba a hacer la misma investigación, ocurría similar desenlace.

martes, 20 de octubre de 2015

Cuatro cuentos sobre los labios de mi amada

1.

     Soñé que estaba al borde de un abismo infinito, ahí acababa el universo entero, me llamaba hacia su fondo pugnando contra mi instinto de supervivencia con una fuerza imposible de resistir y cuando sucumbiendo a tan terrible tentación, me dejé caer en aquel vacío definitivo porque no había en el mundo cosa alguna que me causara tanta fascinación como lo que ante mí tenía, me pareció que había entrado en mi pecho la entera inmensidad, que, desobedeciendo todas las leyes de la experiencia y la razón, estaba encerrada en la forma de una humilde y pequeña rosa roja.

2.

     Un estudiante de Filosofía, muy escéptico siempre con el saber, le dijo a uno de sus profesores que no era posible encontrar en el mundo real nada que diera pie a tomar en serio las ideas de verdad, belleza y bien y que la verdad, la belleza y el bien, en el caso de que existieran, dudaba de que fueran compatibles entre sí pero el profesor respondió:
     -Busca unos labios que te hablen con el corazón, que sean hermosos y que te besen y ellos refutarán lo que acabas de afirmar.

3.

     Cuando más feliz se encontraba no era en medio de una gran celebración o gozando de diversión alguna sino cuando, inmerso en la tranquila vida cotidiana, su esposa se le acercaba y le daba un llano beso en la mejilla con sus labios sin pintar, tibios, suaves, apacibles, no, en un ritual de sumisión sino porque la vida se lo pedía, él miraba entonces aquellos labios y le parecían sencillos rayos de la luz del día.

4.

     Se enamoró de ella porque tenía la ingenuidad, la ternura y la gracia de una criatura y hasta cuando miraba a sus labios, donde la fragilidad se acentuaba y resaltaba, le parecía estar viendo, en toda su pureza, infancia e inocencia.

domingo, 18 de octubre de 2015

Cinco cuentos sobre el alma de mi amada

1.

     Rebosaban de relámpagos las plomizas nubes y bramaban con la ira de un dios del mal al tiempo que una lluvia benéfica y de generosa abundancia salvaba los campos de una sequía de años como dedos de agua de una deidad del amor.

2.

     La psicóloga del colegio miró los dibujos del niño y vio uno con vampiros, hombres lobos y demonios que el muchacho había titulado viernes, sábado, domingo, lunes y otro con flores, el Sol, árboles, pájaros y mucho colorido que se titulaba martes, miércoles, jueves, vacaciones, la psicóloga, intrigada, le preguntó al chico por qué había tanta diferencia entre el jueves y el viernes y el niño respondió que el jueves escuchaba la música de una bella violinista que vivía al lado de su casa pero que, desde el viernes hasta el lunes, no podía oírla porque actuaba en el teatro.

3.

     Estaba en el parque, no había absolutamente nadie, aquella tarde de sábado estaba siendo tan tediosa y solitaria que me estaba hundiendo en la amargura pero de pronto llegó del cielo una paloma blanca, tomó tierra, plegó sus alas y comenzó a dar pasitos chicos con sus patitas cortas y delgadas, durante muchos minutos gocé observándola y había tanta gracia y armonía, tanto sosiego y docilidad, tanta viveza, libertad y confianza en su apariencia que su compañía me liberó de todo pesar y volví a casa lleno de paz como si no hubiera dentro de mí otra cosa que el espíritu de aquella ave albina.

4.

     En clase de religión, el cura explicó a los niños que el Paraíso celestial era placentero y en él nunca se sufría y todo lo que se hacía era agradable para el corazón y se gozaba eternamente de la presencia de Dios pero uno de los niños pensó que su amiga era mejor que el Paraíso porque a su lado sentía, además de las mismas cosas que en el Paraíso se sentían, muchas otras imposibles de describir y por si eso fuera poco, ni siquiera tenía que esperar a morirse para disfrutar de ello.

5.

     Amaneció y desde la proa, vi la costa, después de tanto tiempo, al fin estaba regresando a mi hogar, volvía a mi corazón la infancia, de la que había sido despojado, era dueño otra vez de la inocencia y la libertad, de la esperanza y la paz y todo el pesimismo y la resignación que abatían mi espíritu se desvanecieron porque la vida me demostraba que mis sueños también los acogía la Tierra.

viernes, 16 de octubre de 2015

Cuatro cuentos sobre el cuerpo de mi amada

1.

     Muy dentro del bosque, en un claro, encontré un arbolito, tan grácil, tan sencillo, de tan graciosa forma, con tan bellas ramas y tan abundantes flores, que conmovió y enterneció mi corazón, que sintió que ya lo había visto antes en un millón de ocasiones aunque era la primera vez en mi vida que llegaba hasta allí, me parecía estar contemplando el Paraíso aunque no era más que un árbol y empujado por todo ese regocijo y admiración, me acerqué a él y durante largo tiempo, lo tuve unido a mí en un abrazo de ternura que deseó mi instinto más esencial.

2.

     Nunca había sabido lo que era el amor y así se lo dije a aquella bailarina tan bella, ella me confesó su perplejidad pero para que saliera de mi ignorancia acerca de lo que era ese sentimiento, me quiso hacer el obsequio de bailar delante de mí unos pasos de ballet que según ella lo expresaban con precisión, entonces contemplé aquel hermoso cuerpo fluyendo el aire con la gracia de las flores y tal como ella pretendía, conocí el amor por primera vez.

3.

     Soñé que estaba en el Paraíso y cualquier camino que siguiera iba dejando en mi corazón una felicidad infinita e inacabable, en unos me encontraba árboles llenos de fruta, en otros, flores de mil colores, en otro encontré un pradecillo que apaciguaba el aliento y el más dulce, me llevó a la desembocadura de un río, que junto al mar, tenía un manto de nenúfares florecidos.

4.

     Era un guepardo de delicada y poderosa apariencia, deseoso de correr libre compitiendo con el viento y pacífico y dulce en el carácter, tanto que moviéndose, mostraba más armonía que el resto de su especie.

jueves, 15 de octubre de 2015

Fuerza

A I. D. S.

     Su empeño era alcanzar el remedio universal y eficaz más allá de toda excepción contra el cáncer, su esposa tenía metástasis en una mama y eso hacía su búsqueda desesperada, era un científico de prestigio y su mente era prodigiosa, pasaba noches enteras metido en su laboratorio, tomando notas y acumulando experiencias sin permitirse apenas pausa para el descanso porque sentía que su labor era más importante que su propia vida, día tras día y noche tras noche, en una acelerada carrera contra el tiempo, trabajaba hasta la extenuación, llegó a perder el sueño y en ese momento creyó incluso que podría trabajar ininterrumpidamente apenas durmiendo dos horas con la ayuda de potentes narcóticos, poco a poco su cerebro se iba hundiendo en la fatiga, de vez en cuando, la fuerza de alguno de sus miembros parecía decaer repentinamente pero él no prestaba atención a otra cosa que al progreso de sus investigaciones, un día, luchando contra los calambres y las extrañas sensaciones interiores, creyó hallarse al umbral del sueño que ansiaba conquistar, en los enigmas que había estado estudiando, estaba entrando una y otra vez la luz de la revelación, creyó que le faltaba apenas medio día para llegar a su añorada meta e iba a apuntar todas sus impresiones en su bloc de notas cuando, sin mediar previo aviso, su cuerpo se desplomó desprovisto de toda fuerza y ni siquiera encontró las energías suficientes para arrojar violentamente el aire de sus pulmones en un grito de espanto.
     Lo encontraron tirado en el suelo, incapaz de hablar palabra alguna o hacer el más leve movimiento excepto el de los párpados de sus ojos. Lo condujeron al hospital y buscaron durante días un remedio a su mal que no llegaba, había algo más que fatiga, parecía que incluso su espíritu estaba sumergido en la parálisis. Él mientras tanto se sentía en completa posesión del secreto que curaba el cáncer pero no hallaba en sí la fuerza que le permitiría comunicárselo al mundo, su saber era ahora el de un dios pero su voluntad estaba muerta y de nada le servía, su poder era desmedido pero carecía de la decisión necesaria para hacerlo brotar, un día, mirando a su esposa desde su cama del hospital se imaginó que iba a ser el responsable de su muerte porque él era dueño de todo el saber que permitía salvarle la vida pero no hacía nada por ponerlo en práctica, los médicos habían dicho que su estado era irreversible pero él, olvidándose de su incertidumbre, sus dudas y su resignación, buscó en su alma la energía para mover un brazo con tanto ímpetu y afán como si fuera a lanzar una flor muy alto hacia el cielo y, aunque nadie esperaba ya que pudiera moverse, en cuestión de un par de minutos, dio vida a todos sus músculos y se levantó de su lecho.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tres cuentos sobre el rostro de mi amada

1.

     De la espesura, brotó un hada, tenía la mirada desnuda mostrándome la verdad de la vida, en sus brazos traía para mí una primavera rebosante de flores, hierba, brisa, esperanza, el pensamiento me tentaba a creer que soñaba porque contemplaba con los sentidos del cuerpo las delicias del espíritu pero, cada vez que miraba a aquel ser sublime a esos ojos suyos tan cargados de certeza, mis dudas cesaban y veía claro que lo que estaba viviendo era la realidad. Su pelo era tan negro como una noche sin Luna, me aproximé a ella y se lo besé, rocé su rostro con mis manos y la apreté contra mi pecho, no me hizo falta decir nada, los dos sabíamos ya que éramos lo mismo aunque el mundo nos hubiera partido.

2.

     No era una mujer, era un vórtice oscuro que me arrastraba violenta y precipitadamente hasta su profundidad, donde no esperaba una muerte sino seda, miel, perfume, libertad, gozo.

3.

     Mirando a su rostro, mi corazón manaba un río de compasión y el alma se me llenaba de ternura y me nacía un afán desmedido de ayudar a aquella muchacha a no sentirse sola y a hacerle comprender hasta qué punto yo la admiraba y ansiaba ser uno con ella pues me parecía que ella no sabía con cuánta razón lo merecía, en aquella cara, aún se percibía la niña que había sido un día y tanta inocencia y tanta virtud y tanta sencillez desnudaba mi alma y la despojaba de toda fuerza para resistirse al deseo y la llenaba de añoranza de aquel ser, tan hermoso que no era posible renunciar a él. Poseído por este afán, la posibilidad de que ella no quisiera que yo fuera suyo me sumergía en aquella misma melancolía que creía que reflejaban sus ojos.