viernes, 31 de julio de 2015

La hora de gloria

A Susana Escarabajal Magaña 

     El insigne hombre de letras se acercó al estrado en medio de un efusivo aplauso, entonces la autoridad le colocó el collar de oro y, a continuación, la banda honorífica, después, le dio la llave del reino, que él tomó orgulloso en su mano, acto seguido, le ciñó el fajín de los pares de la nación y una dama le entregó un ramo de flores y le caló el sombrero de caballero del viejo imperio y, cuando ya tenía todos los galardones en su poder, como todo el mundo se temía, se le cayeron los pantalones.

miércoles, 22 de julio de 2015

Siete microrrelatos absurdos

A I.D.S.

1.

     Lo que tenía que ocurrir no ocurrió y los que lo contaban enmudecían a mitad de su narración.

2.

     Le dio ternura de sobra y se cobró el cambio propinándole dos tortazos.

3.

     Los invasores tuvieron que huir del planeta cuando se descubrió que eran comunistas.

4.

     Acostumbró a sus hijos a obedecer y no pudieron independizarse nunca.

5.

     Tanta bondad tenía por fuera que no le quedaba ninguna dentro.

6.

     Su dios le ordenó matar y él mató a su dios.

7.

     Era tan racista que ni siquiera a sí mismo se toleraba.

martes, 21 de julio de 2015

El sueño

     Era uno de los electricistas del rodaje. Él hubiera querido ser poeta pero su padre le obligó a elegir el mismo empleo que él para ayudarle en su negocio. Ahora era víctima del tedio y el sufrimiento desempeñando un trabajo que dejaba vacío su corazón, sin embargo, cuando lo contrataron para aquella película, sintió la dulce espuela de la ilusión porque, de alguna manera, ingresaba en su añorado mundo del arte en su modalidad más evidente y rutilante. La actriz protagonista era tan bella a su mirada que, al contemplarla, le brotaban en el corazón chispas de afecto y devoción y las chispas iban conformando en su interior un afán quimérico de llegar a despertar en ella una admiración siquiera diez veces menor. La belleza fascinante de aquella mujer despertaba su fantasía y, lleno de inspiración, una noche compuso un poema de cinco versos dedicado a ella. Como electricista, jamás habría tenido valor de dirigirse a ella pero, como poeta, sintió el impulso irresistible de atreverse a hacerlo y así, al día siguiente, con su poema en la mano, se aproximó a ella en un descanso y se lo mostró esperando que la halagara profundamente. Pero, cuando la actriz leyó lo que estaba escrito en el papel, sin pensárselo un segundo, lo abofeteó gritando:
     -¡Imbécil!
     Él musitó un "disculpe usted" y se marchó a un rincón profundamente avergonzado y arrepentido.

domingo, 19 de julio de 2015

Una clase del futuro

     Hadarah, que era una niña muy inteligente y dulce pero también muy medrosa, cuando el maestro la llamó a exponer la lección de Historia sintió en el estómago el encogimiento y el frío propios del pavor porque la asignatura más difícil del colegio hacía siglos que habían dejado de ser las matemáticas y temía hacer un ridículo espantoso porque, cuando se asomaba al libro de Historia, si entendía un solo suceso, ya se tenía por afortunada.
     -Hadarah, bonita -dijo el maestro después de decirle que era ella la elegida para responder aquella mañana de sus conocimientos-, dime cuándo invadió Marruecos el Sáhara.
     Hadarah se alegró de que la pregunta fuera aquella porque lo más fácil de la Historia para ella eran las fechas.
     -El 6 de noviembre de 1975 -respondió.
     -¿Y qué les hicieron entonces a los habitantes de nuestra nación? -preguntó el maestro.
     -Cosas extrañísimas que no hacen las personas en sus cabales -respondió Hadarah, que se sorprendió de haber podido responder esa cuestión.
     -¿Y cómo se llamaba la forma de gobierno que actuaba así, Hadarah?
     -Fascismo -respondió ella, que tenía la impresión cuando decía esa palabra de estar refiriéndose a las extrañas costumbres del País de las Maravillas de Alicia.
     -Muy bien -dijo el maestro.
     Se hizo un breve silencio y ella rogó a la suerte que no le preguntaran ya nada más pero el maestro aún quiso hacerlo una vez más y dijo:
     -¿En qué ayudaba a Marruecos actuar así?
     La niña no sabía qué responder, había leído en el libro la contestación pero era tan rebuscada, tan retorcida, tan fría, tan inhumana, tan banal, tan increíblemente extraña e incomprensible que su cerebro delicado no la había podido asimilar y la había olvidado, empezó a ponerse roja como un sol en el ocaso y, no queriendo quedarse callada por miedo a ser considerada tonta, dijo simplemente:
     -¿En nada?

viernes, 17 de julio de 2015

Cuatro relatos brevísimos para soportar la inferioridad propia

1.

     Era el encargado de la guardarropía en unos estudios de Hollywood. Para las actrices y actores, guapos, famosos, elegantes y llenos de clase, él era tan esencial en el mundo como una cáscara de plátano pero él no se sentía pequeño porque sus amigos, tan bondadosos, humanos y especiales y su esposa, tan linda, tan real, tan inteligente, tan dulce, tan sincera, lo habían elegido a él sin exigirle más grandeza.

2.

     Entre ser admirado o admirar, no tenía duda alguna de que prefería lo segundo porque era lo único que le hacía feliz.

3.

     Se encontró con una persona tan interesante que acabó brillando en su corazón, le pareció que ella no tendría, en cambio, interés alguno por él porque se consideraba poca cosa pero, cuando vio que se equivocaba en esto, alcanzó la felicidad, su nuevo amigo era tan valioso que nunca más se preocupó por su propio valor.

4.

     Sus compañeros de trabajo lo miraban con desprecio sumo, arrogantes y jactanciosos, orgullosos porque sus novias eran rubias y ellos tenían un físico impecable a fuerza de ir al gimnasio y habían sacado unas notas altísimas en la universidad, entre ellos presumían de hacer bien el sexo y ser hombres modernos pero, cuando se dirigían a él, lo trataban con distanciamiento sumo como si fuera de otra especie animal. Estaban convencidos de que le impresionaban y de que los admiraba e incluso de que le hacían sentirse mal por su inferioridad pero se equivocaban, él no echaba de menos ser como ellos porque también tenía orgullo pero iba por dentro.

jueves, 16 de julio de 2015

Tres cuentos brevísimos sobre quién merece ser amado

1.

     Cuanto encerraba su persona despertaba en él una admiración profunda pero era sencilla y humilde, por mucho amor que él le demostrara, ella nunca le perdía el respeto, ella era muy austera en sus manifestaciones pero entregaba el alma con un monosílabo y, a veces, hasta sin decir nada, él nunca había conocido íntimamente a ninguna otra mujer pero estaba seguro de que no había otra mejor en el mundo.

2.

     Todos sus amigos estaban lejos pero, por lo menos, eran interesantes y bondadosos.

3.

     La ley de Dios le obligaba a amarla pero él se negaba a hacerlo porque no le gustaba que lo presionaran.

domingo, 12 de julio de 2015

Vergüenza

     La patrulla de policías marroquíes llegó al barrio saharaui a media tarde, iban a hacer una operación intimidatoria contra sus habitantes. Armados de porras y latas de gasolina, se ocuparon en incendiar casas y golpear y humillar a sus habitantes sin piedad alguna.
     Adil era uno de los novatos, se había hecho policía por sentido de la responsabilidad, estaba convencido de que Mohamed VI buscaba el bien de su país y quería servirle con lealtad. Le acompañaba para guiarle un veterano. A la entrada de una jaima, el veterano le dijo a Adil:
     -Entra y golpea a quien te encuentres con la porra hasta herirlo y le gritas cosas como "eres una mierda, no eres ni persona, no mereces ni que te mire, vales menos que un perro". Anda, pasa dentro mientras echo la gasolina y humíllalos en lo más hondo.
     Adil, se armó de furia y orgullo, dispuesto a hacer sentirse insignificantes con sus golpes e insultos a cuantos encontrara dentro de la jaima, los saharauis se creían superiores a los marroquíes y había que castigarles por semejante agravio a su dignidad, entró violentamente esperando enfrentarse a una familia entera de vanidosos saharauis pero cuanto encontró dentro fue un par de ojos rasgados que, con alucinada curiosidad y dócil mansedumbre, le observaban expectantes. Adil se quedó estupefacto, la entera extensión de su persona se rebelaba contra la idea de golpear o denigrar a aquel ser de la manera planeada, la sola imaginación de que pudiera haberlo hecho, le revolvía las entrañas, no era más que un muchacho, un muchacho con el síndrome de Down, con una expresión en su rostro tan inquietantemente incisiva y al mismo tiempo tan sencilla que parecía que lo estaba acusando de todas las mentiras con que había ido cargando su corazón a lo largo de los años.
     Adil salió a la calle y le dijo al veterano que allí no había nadie, que no merecía la pena ni quemar la jaima. Tanto escepticismo penetró en su espíritu y tan intrincado se volvió el laberinto de su culpa que tomó la decisión de abandonar el cuerpo de policía. ¿Quién puede arrogarse superioridad sobre un discapacitado psíquico y no sentirse estúpidamente vil? ¿Y no era lo mismo para todos los restantes casos?

viernes, 10 de julio de 2015

Cinco cuentos y medio sobre amores perniciosos

1.

     -Te quiero.
     -No me quieres, me tienes prisionera, no me dejas libre.
     -Cuando yo diga que quiero algo, tú cierra la boca.

2.

     -¿Por qué la mataste?
     -Para protegerla.

3.

     -¿Mamá, puedo ir al parque a jugar?
     -No que acabas agotado.

4.

     -Te amo y soy inmensamente feliz solo por eso.
     -Jo, me haces sentir triste, la vida es injusta conmigo, a mí también me apetece ser tan feliz como tú.

5.

     Procuraba que sus parejas creyeran en su amor sin hacer excesivo derroche de ternura porque le jodía la ternura.

5,5

     -¿Me quieres de verdad o solo finges?

jueves, 9 de julio de 2015

Diez cuentos brevísimos sobre desobediencia y descreimiento

1.

     La iglesia estaba abarrotada, la plana mayor del Opus Dei ocupaba los asientos delanteros, atrás, lo más granado de la alta sociedad, con empresarios tales que podría comprarse un país no más que con la fortuna de uno de ellos, sus padres, tan autoritarios y que tanto la querían, sus hermanos, que tanta responsabilidad le exigían siempre, sus primos, tan maliciosos, sus tíos, poco amigos de broma alguna, todo el mundo estaba allí no más que para ser testigos de su casamiento, puntual y ortodoxo, tan conveniente de por sí por ser el novio quien era y por lo que ocultaba su corsé, más apretado de lo normal. Y al fin llegó la esperada frase:
     -Estefanía, ¿quieres recibir a Eduardo como esposo y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida? 
     Y ella respondió riéndose un poquito y dándole palmaditas en el hombro al novio:
     -Bueno, eso depende de cómo se porte él, de momento, lo veo poco detallista, no sé, no sé...

2.

     -Dame un masaje en los pies que me duelen.
     -Ni que lo pienses, cuando tú me hagas la vida agradable a mí, te la haré yo a ti.

3.

     -Si no obedeces a tus padres, Dios te castigará y te irá todo mal en la vida, Dios deja un poco de su poder a los cabezas de familia para que cumplan su voluntad en la Tierra.
     -¿Es voluntad de Dios que vaya a comprarte el periódico, papá?

4.

     -Hija, deja de hablar tanto con el móvil, no es solo por el dinero, te lo digo además por tu bien.
     -¡Qué suerte tienes en todo, mamá! Ahora resulta que mi bien es ventajoso económicamente.

5.

     -Anda, cielo, ve a comprarle a tu madre un paquete de Winston.
     El niño, que estaba viendo en ese momento los dibujos animados, analizó rápidamemente la cantidad de bien que encerraba el sacrificio que le pedía su madre y, cuando estuvo seguro de haber llegado a la conclusión más cierta, respondió:
     -Espera hasta que tenga ganas de ir.
     Y no fue nunca.

6.

     -No me aprecias, si me apreciaras, lo harías.
     -¿Comprarte un Wolkswagen Passat? El que no me aprecia eres tú.

7.

     Todos estaban atentos a la televisión en el bar del pueblo, la voz del presidente clamaba solemne a mitad de un discurso:
     -Dios, la patria, vuestras honradas familias, vuestros sacerdotes, el hombre amable que os atiende en el supermercado, los venerables ancianos transmisores de las sagradas tradiciones, todos los miembros de mi gobierno os pedimos que os alistéis para esta guerra, que traerá honor a nuestro pueblo y mayor riqueza a nuestra economía...
     El dueño del bar apagó el televisor y dijo:
     -Alístate tú, cornudo.

8.

     Su hermana conseguía hacerle ver que le unía un enorme afecto con él pese a que siempre era él quien se tenía que sacrificar por el bienestar de ella. Pero un día ella tragó saliva y, con mucha teatralidad y muchos pucheros y afectando mucho enojo, le dijo que él tenía piscina en su casa mientras que ella no y que no era tan buen hermano como ella merecía porque, de lo contrario, le haría una. Él, que era perceptivo, no pudo dejar de notar el desprecio a su inteligencia que se desprendía de toda aquella escena y, por consiguiente, la ausencia total de agradecimiento y amor que había en el corazón de su hermana, de modo que, cuando ella acabó de hablar, calló durante unos instantes y a continuación respondió tranquilamente: 
     -Es que no quiero que te ahogues.

9.

     Un niño estaba llorando porque su madre no le daba galletas de chocolate y su hermano, que era muy frío, cuando lo vio, le dijo que parecía un mono cuando lloraba y que no llorara, para poder estar guapo. Pero el niño respondió entre llantos:
     -Pues sí lloro, me da igual parecer un mono, lo que quiero son las galletas.

10.

     -Morirás si no lo haces.
     -Moriré de todas formas.

miércoles, 8 de julio de 2015

Diez cuentos brevísimos sobre amores inexistentes

1.

     -No me quieres, nunca me has demostrado amor.
     -¿Cómo que no? ¿No te he comprado siempre todo lo que me has pedido?

2.

     -Papá, de mayor quiero ser médico.
     -¿Quién te dice que no puedas? Hay médicos tontos también.

3.

     Le preguntó a su marido si la veía guapa y él respondió con seriedad que le dejara escuchar las noticias.

4.

     -A ver, Alicia, vas a decirme lo que te sugiere cada palabra con la que has narrado tu sueño para que podamos comprenderlo mejor. ¿Esposo?
     -Mmm... rentabilidad.
     -¿Y amor?
     -Eeeh... teatro.
     -¿Y matrimonio? 
     -Mmm... provecho.

5.

     -¡Qué pálido vienes! ¿Pasa algo?
     -El médico me ha dicho que tengo cáncer.
     -Lo veía llegar. En fin, chico, hay que conformarse con lo que nos da la vida, voy a poner la tele que va a empezar el concurso.
     -Además, he perdido el cheque al portador de los quince mil euros.
     -¡Dios santo, qué horror! ¿En qué estarías pensando? ¡No tienes la cabeza sobre los hombros, no eres un hombre en tus cabales, me vas a matar...!

6.

     -Mamá, me he hecho sangre en las rodillas.
     -Ay, qué poco me gusta eso, otra vez a gastar mercromina, con lo cara que está ya.

7.

     Le daba todo lo que necesitaba pero ni una sola cosa más.

8.

     Cuando murió su marido, no notó la diferencia porque el televisor seguía funcionando bien.

9.

     El día de la boda de su hijo, aprovechó para acaparar todo el protagonismo olvidándose por completo de quién era la persona a la que debía aquella celebración.

10.

     Le recordaba todo cuanto le quería para que le hiciera trabajos de provecho.

martes, 7 de julio de 2015

El mejor dibujo

     Una niña dibujó una maceta con siete flores de un color cada una y de distintas formas y su dibujo mereció la mejor nota de la clase, dos besos de la maestra y un bolígrafo plateado. Sus compañeras, desde entonces, no la dejaban sola un minuto, deseosas de conseguir su amistad por haber demostrado tan admirables cualidades. Cuando llegó a casa y mostró el dibujo a su familia y explicó la nota que había obtenido y todo lo que había sucedido gracias a aquella creación, su madre la abrazó muy fuerte y le prometió que le compraría el libro más bonito que encontrara y dijo que estaba claro que de mayor iba a hacer grandes cosas porque demostraba un talento desmedido. 
     A su hermano, dos años menor que ella, le pareció tan dulce y agradable el acontecimiento que había protagonizado su hermana que añoró despertar una admiración similar en todos y se propuso hacer otro dibujo pero, como si lo hacía peor, no conquistaría halago ni premio alguno, se sintió en la obligación de hacerlo aún mejor. De manera que dibujó una maceta pero no con siete flores sino con treinta y seis y, cuando, después de un esfuerzo enorme, lo acabó, fue a enseñárselo a su madre, que estaba hablando con la vecina. Con una sonrisa casi de oreja a oreja, se plantó ante ella y, sujetando el dibujo con las dos manos a la altura de su pecho, dijo muy alegre esperando una reacción de sorpresa desmedida:
     -Mira, mamá...
     Su madre se volvió hacia el niño y lo miró como sin ver y, tras decir un  tan frío que parecía que se lo decía a sí misma, continuó hablando flemáticamente con su vecina sobre un concurso de la tele.
     El niño volvió a entonces a su cuarto con su dibujo en las manitas convencido de que solo su hermana podía pintar buenas macetas.

domingo, 5 de julio de 2015

El fontanero

A mi amada

     No podían permitir que su hija saliera con un fontanero, sería la vergüenza de la familia porque le haría ver a todo el mundo hasta qué punto los sentimientos de ella eran vivos y reales, cosa inadmisible en personas de su nivel social, que debían demostrar racionalidad y control de sí mismos, todo el mundo sentía pudor de las emociones y ocultaba los afectos por decencia, ¿y su hija iba a ser la única que no lo hacía? De eso ni hablar. Fueron a la habitación de ella y le pidieron que acudiera al salón para tratar de un asunto de extremada transcendencia para la familia. Ella obedeció, se sentó en el sofá y preguntó qué ocurría. Su madre dijo entonces:
     -Hija, ante todo te pedimos que, aun cuando lo que tenemos que decirte sea muy duro para ti, sonrías, que muestres alegría, que no te dejes sumergir en la tristeza, porque eso es cosa de perdedores. Ensaya tu sonrisa, por favor.
     Su hija obedeció y sonrió fríamente inquieta e intrigada por aquello que le iban a decir, que desconocía por completo.
     -Muy bien, hija, eso es lo que queremos, que no muestres tristeza alguna aunque lo que te digamos sea amargo para ti -dijo su padre-. Hija, vas a dejar de salir con ese sujeto, tiene un aspecto horrible y no queremos que sea tu marido jamás, mañana le dices que se acabó la relación pero sonríe, hija, muestra felicidad, que nadie vea que estás triste, quien controla su rostro controla el mundo.
     Pero su hija no obedeció en esta ocasión, amaba de verdad a su fontanero porque su corazón no se movía por estrategias ni trucos para alcanzar el éxito, su corazón solo quería felicidad, sencilla felicidad y poco le importaba la manía de sus padres de que sonriera tras escuchar la cruel petición que estos le hacían.
     -Lo siento pero no -fue la respuesta de la muchacha tras un breve silencio.
     -Hija que te quedas sin postre en la cena -dijo la madre.
     -Lo siento pero no -repitió la hija.
     -Obedece o no te pagamos los estudios, nena -dijo agriamente el padre.
     -Lo siento pero no -volvió a decir la hija.
     -Que te echamos de casa, querida -dijo la madre poniendo retintín en el tono.
     -Lo siento pero no -respondió nuevamente la hija.
     -Que no heredas nada de nosotros si te casas con ese pelanas, no seas testaruda, hijita -dijo el padre hablando entre dientes. Pero toda la respuesta que consiguió sacarle fue:
     -Lo siento pero no.

sábado, 4 de julio de 2015

La víctima

     Su madre, neuróticamente sobreprotectora, su hermano mayor, que lo maltrataba a menudo ayudado de su mayor fuerza y autoridad sin que nadie en casa le reprendiera porque era el orgullo de la familia, su padre, apocado y sin carácter, motivo de vergüenza para él, la vida en el colegio, donde, con frecuencia, tenía que padecer el escarnio de los niños más crueles y necios, todo contribuyó para que acabara sintiéndose estúpido sin que pudiera resignarse a la idea de serlo.
     Acabó temiendo el contacto humano, en el que veía su más temible causa de pérdida de autoestima, confiaba más en el criterio de los demás que en el suyo propio porque los demás le habían arrebatado con su continuo acoso su seguridad en sus propias capacidades.
     Cuando llegó a la adolescencia, se sintió tan torpe, tan incapaz de realizar las tareas de un adulto, vio tan complicado hacer lo que hacían los mayores, se creyó tan estorbado por las taras y culpas que la insidia de sus acosadores le habían atribuido falsamente que le pidió a su madre que le llevara a un psicólogo porque el mundo le parecía demasiado raro.
     El psicólogo ahondó su malestar porque lo hacía responsable de su propia enfermedad, comenzó a tomar medicamentos y a perder habilidad mental como consecuencia de ellos y eso aumentó su sensación de tener una inteligencia inferior aunque luchaba constantemente por superarse y acabó una carrera pero su inseguridad era tal que nunca se atrevió a ejercerla.
     Vivió con una pensión no contributiva por enfermedad mental y, para pasar el tiempo, se dedicó a estudiar temas científicos altamente especializados. Sus resultados llegaron a las altas esferas y recibió las felicitaciones de varios premios Nobel.
    Unas horas antes de recoger un premio de la Real Academia de las Ciencias, su controladora madre creyó que debía de aconsejarle cómo comportarse delante de los presentes en la ceremonia atribuyéndole como era usual en ella una escasa inteligencia pero, al oírla él, respondió:
     -Madre, tú nunca has estado en un acto de esta importancia, ¿qué te hace creer que sabes lo que tengo que hacer más que yo mismo? ¿Hasta cuándo vas a estar tratándome como un niño estúpido? ¿Crees que debo seguir atado a ti toda la vida? ¿Tan bajo concepto tienes de mí? ¿Es ese el amor que me tienes? ¿Cómo puedes creer que me estás dando afecto si todo lo que haces es menospreciarme?
     -Hijo, estás nervioso -dijo ella-, lo mejor es que llame para avisar de que no vas a ir a la ceremonia, es lógico que te encuentres así, a ti siempre te ha dado miedo la gente.
     -Estoy completamente tranquilo, mamá -dijo él-, más de lo que te imaginas y no se te ocurra hacer esa llamada porque quiero que mi novia vea cómo me honra la institución más importante del país.
     -Tu novia, tu novia... -dijo su madre con tono despectivo-. Eso es una relación enfermiza, estoy deseando que acabes con ella, tú estás enfermo, no puedes llevar una vida de matrimonio.
     -Estás tú más enferma que yo, mamá -respondió él-, mucho más, y no hay nada tan enfermizo en mi vida como tu injerencia en mis asuntos, mi hermano no es más que un asesor contable y estás orgullosa de su capacidad y, en cambio sigues dudando de mí, que he alcanzado el mayor honor del país como científico, creo que te engañas a ti misma, quieres seguir sintiéndote inteligente a mi costa pero ya no te es posible, voy a abandonar esta casa y a irme a vivir con Ana, mañana mismo hago el traslado.
     -¡Te atreves a maltratar a tu madre, desgraciado! -exclamó ella entonces con ira-. No vas a trasladarte a ningún lado, ni que lo pienses, voy a llamar para decir que no vas, estás demasiado excitado, los malditos nervios están pudiendo contigo.
     Pero él se limitó a responder:
     -Mamá... Eso ya no te funciona...

miércoles, 1 de julio de 2015

Alma ganada

     Al fin se hizo la hora de salir del trabajo, cómo lo odiaba, el cocinero gritándole, su jefe riñéndole, los clientes quejándose y apremiándole, ¿quién quería ser camarero en el mundo habiendo empresarios multimillonarios a los que obedecía media humanidad y que jamás sufrían humillaciones del tipo de las que él tenía que aguantar? Pero había tantos comunistas en el mundo que las oportunidades de medrar económicamente para un hombre humilde eran tantas como de que le tocara la lotería, ¿por qué tendría tantos adeptos el comunismo si era solo para gente perversa y degenerada? ¿Mira que hablar mal del fútbol el otro día en la tele uno de aquellos aguafiestas malditos? ¿Por qué se tenía que meter con el fútbol? ¿También tenían que meterse con el único desahogo que le quedaba a su amor propio, ver jugar a su Real Madrid, al glorioso club de su corazón, tan blanco como el color de los ángeles? Los comunistas, definitivamente, eran lo que más odiaba, estaban en contra de todo lo bueno, de la religión, de las tradiciones, de la patria, del dinero, de la propiedad, del orgullo, del rey, de la hombría, solo querían molestar, hacer daño, causar remordimientos a la gente honesta que se ganaba honradamente su sueldo. ¿Cómo podían ser tan afeminados para preocuparse tanto de las mujeres si lo más básico de la vida era que la mujer obedeciera? Sólo faltaba que después de tanto aguantar en el trabajo no pudiera uno mandar en su casa por melindres feministas. Ni que fuera él un cursi redomado, las mujeres tenían cabeza de chorlito, lo último que hacía falta hacer era prestarles atención, bastante preocupación era ya ganarse la vida en un restaurante de dos tenedores.
     Al llegar a casa, se echó en el sofá completamente agotado. Su mujer apareció entonces para limpiar la mesa y servir la cena, encima había un sobre y lo agarró para llevarlo a otro sitio y él, al verlo, dijo:
     -¿Qué es ese sobre?
     -Es para las elecciones -respondió ella-, las papeletas de los socialistas, me han dicho que, si ganan, subirán el sueldo mínimo.
     -¡Tíralas, me cago en todo! -gritó él enfurecido-. Antes moriría de hambre que votarle a un comunista. ¿Maricón voy a ser yo...?