miércoles, 28 de enero de 2015

El amigo falso

     Un joven tenía un amigo bastante inseguro, envidioso y falso y, un día, hablando con él relajadamente, le dijo:
     -Yo no tengo complejos, yo me siento orgulloso de mí mismo...
     El amigo falso dijo en ese momento:
     -Y es lo que debe uno hacer, sin duda, estimarse a sí mismo pese a todo lo que los demás digan de uno. Haces bien en mentalizarte de que no tienes por qué ser menos feliz que la gente más valiosa y con una dignidad mayor.
     -¿Pero qué dices? -dijo el joven-. No es mentalización, me estimo porque he sacado la mejor nota de mi promoción, porque tengo montones de amigos en todas partes, porque he conseguido un trabajo de primera categoría, porque mi novia me quiere con locura y porque, de la manera en que puedo, siempre estoy ayudando a la gente necesitada, me siento orgulloso porque soy un gran hombre.
     -¡Eso es altanería! -dijo el amigo falso-. Pensar así me parece una arrogancia.
     -¿Y cómo tengo que pensar entonces? -dijo el joven.
     -No sé -dijo el amigo falso-, con un poco de humildad, imaginándote que vales un poco menos aunque no sea cierto.

jueves, 22 de enero de 2015

El psicólogo angustiado

A mi amada

     Un hombre con expresión y aspecto muy triste bebía en la barra de un bar y, a su lado, había otro hombre calvo y circunspecto pero muy tranquilo. El hombre triste, después de permanecer en silencio junto al hombre calvo un largo espacio, se decidió a volverse hacia él y le preguntó con una pronunciación un poco vacilante debido al alcohol que había consumido:
     -¿Usted es feliz?
     -Sí -contestó el calvo.
     El hombre triste se sorprendió pese a su estado de borrachera y le dijo:
     -¿Seguro que sí? Todo el mundo se queja de algo, es la primera persona a la que oigo decir que es feliz de forma tan rotunda.
     -Pues no he dicho más que la verdad, los otros intentan sacar algo de usted, no se fíe de lo que le dicen -dijo el calvo.
     -Yo, en cambio, estoy destrozado por dentro y eso que soy psicólogo -dijo el triste-, he perdido la autoestima, siento que no valgo lo suficiente.
     -¿Y cuánto piensa usted que tiene que valer para sentirse orgulloso de sí? -preguntó el calvo.
     -Lo suficiente, no sé, lo que, en el mundo, se considera valer de verdad -respondió el triste.
     -Eso no tiene sentido, la verdad no es un valor, un valor es siempre relativo pero la verdad es absoluta -dijo el calvo-. Si se vale de verdad, se vale más allá de todo valor y, más allá de todo valor, las cosas, por lógica, no valen nada.
     -¿Y qué cree usted entonces que hace falta para sentir orgullo de sí mismo? -preguntó el triste-. ¿Qué puede alegar en defensa de su dignidad un perdedor?
     -Que es él -respondió el calvo-, nada en él es absoluto y verdadero excepto su ser propio y eso es lo único de lo que tiene derecho a sentirse orgulloso.
     -Bien poca cosa es eso para sentir orgullo -dijo el triste.
     -Al contrario -respondió el calvo-, es algo tan sublime y excelso que nada lo iguala en dignidad, es la esencia de la belleza, del bien y de la vida porque es lo que tiene de real e irrepetible un ser humano. Comparado con eso, ser premio Nobel o conquistar la Luna es una insignificancia.
     -Pero yo soy psicólogo además de ser humano -dijo el triste-, quiero ser un psicólogo prestigioso y, en cambio, mi consulta está vacía, de nada me sirve pensar que no haya otro como yo en el mundo.
     -¿Cuántos pacientes quiere tener al día? -dijo el calvo-. Otra vez está apoyando su orgullo en algo relativo, si se precia por el número de sus pacientes, nunca estará satisfecho, en cambio, si los mira como seres humanos, dignos del mayor respeto cada uno de ellos, se dará cuenta de hasta qué punto es un psicólogo prestigioso y hasta qué punto ha tenido éxito profesional.
     -Mis compañeros de estudios han conseguido grandes cosas, uno escribe libros, otro tiene una consulta inmensa, otro es asesor de un gran político...
     -Pero las grandes cosas son tan insignificantes como las pequeñas cosas, todas las cosas son cosas nada más, lo importante es lo esencial, si lo tienes, puedes olvidarte de todo lo demás -dijo el calvo.
     El hombre triste alegró de pronto su rostro y le dijo al calvo:
     -Gracias por su conversación, me ha ayudado mucho, esta noche, estaba profundamente deprimido pero sus palabras me han servido para salir de mi confusión y recuperar el equilibrio, usted parece muy sabio, ¿a qué se dedica?
     -Bueno, pues, a ayudar a la gente como usted, soy un ángel -respondió el calvo.
     El psicólogo soltó una carcajada y dijo:
     -No, en serio...
     -En serio, le estoy hablando -dijo el calvo-, aunque los humanos tienen ideas muy estrambóticas acerca de los ángeles, ¿sabe que hay también ángeles ateos y hasta marxistas?
     El psicólogo se sintió alarmado por lo que aquel hombre le acababa de decir, estuvo a punto de tenerlo por un caso gravísimo de paranoia pero se acordó de las palabras que le había dicho, todas las cosas son cosas nada más, lo importante es lo esencial y decidió que carecía de importancia que fuera o no un ángel.

miércoles, 21 de enero de 2015

La proposición tentadora

A mi amada

     Mucho tiempo después, aún se acordaba del dolor que la presión de aquella mano sujetando su brazo para conducirlo hasta un lugar sin testigos le produjo. Una vez fuera de la ruidosa sala donde se celebraba la fiesta, en el pasillo solitario y silencioso, el hombre que le abordó le dijo:
     -Tengo unos planes increíbles para ti. Tienes talento de verdad, puedes manipular voluntades, conseguir cualquier cosa con tu inteligencia privilegiada, tienes madera de triunfador y no como la chusma que rellena nuestro mundo, pobres ratas sin alma que están ahí solo para que gente como tú las humille y domine, te estoy dando la oportunidad de tu vida, solo tienes que venir conmigo a Miami, créeme que lo tienes todo hecho, va a ser como si te comieras un pastel, no vas a encontrar una sola dificultad que merezca de verdad ese nombre, te estoy haciendo lo que se dice un regalo, el regalo de tu vida, a partir de ahora, se acabó el hombre sencillo y modesto y comienza el personaje poderoso e influyente. Creo que no te vas a negar, ¿no es así?
     Y él respondió:
     -Pues me temo que sí, a mi novia le gusta la vida en el campo, quiere que nos compremos una casita con chimenea en un lugar en plena naturaleza donde nieve y canten los pájaros, lo que me propones parece una aventura apasionante pero yo solo tengo una vida y he de tomármela en serio.

domingo, 18 de enero de 2015

El poeta

A Lulú Mortensen

     A principio de los años setenta, un guardiacivil pidió el carnet de identidad a un hombre con mucho pelo en la cabeza precisamente por este motivo, el hombre sacó su carnet del bolsillo y se lo mostró.
     -¿Qué hace usted aquí? -le preguntó el guardiacivil.
     -He venido aquí porque hay más tranquilidad y puedo escribir mejor -respondió el hombre.
     -¿Escribir qué? -preguntó el guardiacivil.
     -Poemas -respondió el hombre.
     -Va a venir usted a comisaría -dijo con aspereza el guardiacivil.
     -¿Por qué? -preguntó perplejo el hombre.
     -Porque su carnet dice que usted es albañil, no poeta -respondió el guardiacivil.
     -Es que todos los albañiles son poetas... -respondió el hombre.

martes, 13 de enero de 2015

La fiscal

A Ana P. Clement Herrero

     Se juzgaba quién era el verdadero propietario de un inmueble. Él era una de las partes implicadas en el pleito y no se sentía muy seguro con respecto a cuál sería el veredicto. Estaba sentado en el banquillo, era el último paso antes de que se dictara sentencia, la fiscal fijaba en sus ojos su mirada dura e inquisitiva y le interrogaba de manera tan incisiva que conseguía hacerle dudar de su propia inocencia. Él contemplaba con un hondo estremecimiento aquel rostro lleno de rigor e intransigencia pero tan dulce y hermoso que se le clavaba en el corazón. Huía de su acritud acusadora al mismo tiempo que quedaba atrapado en la miel de sus rasgos y el terciopelo de su voz. Pugnaba por defenderse a la vez que anhelaba sucumbir. Temía y amaba, sufría y gozaba y, en su agonía y su alborozo, hubiera deseado mil veces darle a la fiscal la razón y renunciar a la posesión del piso a cambio de ver cómo le sonreía aquel semblante que le parecía lleno de flores.
     La fiscal atacó tan recio contra los fundamentos de su inocencia que jamás en su vida se había sentido tan lejos de ella y tan contrario al derecho y la razón. El interrogatorio acabó y él bajó del banquillo sintiendo que se acababa el suplicio más gozoso de su vida y empezaba la amarga nostalgia de él para el resto de su vida. Pero ahora ya le importaba menos perder el piso que perder el corazón de aquella mujer y, venciendo todo escrúpulo, al acabar la sesión quedando la causa lista para sentencia, se acercó lleno de un culpable pudor a ella y, procurando demostrarle con la mayor contundencia la pureza de sus intenciones, le declaró su amor y esperó encogido de vergüenza y mala conciencia la deliberación de tan duro pecho.
     Tras un instante donde ella hubo de salir de su perplejidad, asomó en su rostro la sonrisa que tanto anhelaba él y que tan imposible había llegado a considerar y dijo:
     -Tendría que conocerme para amarme como usted dice pero usted no sabe nada de mí.
     -Yo la he juzgado por su rostro -dijo él- y no he conocido nunca nada tan noble.
     Ella amplió su sonrisa y respondió:
     -¡Qué galante es usted!
     Él sintió de pronto que se despojaba de todos los pesos con los que cargaba su conciencia porque la fiscal más severa que podía concebir le estaba sonriendo y halagando.

sábado, 10 de enero de 2015

El hombre de bien

A José Antonio Bascuñana Coll

     Durante la revolución cubana, un hombre de bien fue apresado por cuatro guerrilleros revolucionarios. Uno de ellos no tenía ni corazón ni cabeza y le puso la punta de su pistola en la nuca para acabar con su vida sin más dilación pero otro de los guerrilleros, que tenía corazón pero no cabeza, le pidió que le dejara rezar antes de morir. Un tercer revolucionario, que tenía cabeza pero no corazón, dijo que no le hacía falta rezar para morir, que era absurdo concederle esa prórroga a su vida, que estaban perdiendo un tiempo valioso, que disparara de una vez y le cortara la cabeza por si servía para la propaganda de la guerrilla. Pero el cuarto revolucionario, que tenía cabeza y corazón, replicó:
     -Este hombre no disparó con su ametralladora cuando nos vio, en su mirada, noté muy claro que se disponía a morir a nuestras manos sin ofrecer resistencia, una persona que se arriesga a la muerte a cambio de no matar jamás hará la revolución pero tampoco será jamás un explotador ni traerá aflicción al mundo, ni querrá nada para sí que sea un abuso injusto, este hombre tiene corazón, hacía de vigía pero estaba rezando para que no llegara nadie que lo obligara a hacer uso de su arma, cuando nos vio llegar, su mirada se ensombreció porque no quería morir ni matar y no le quedaba más remedio que elegir una de las dos opciones, eligió morir, con lo que ha demostrado que es un alma verdadera, enemiga de los opresores pero presa de los prejuicios, dejemos que siga siendo dueño de su vida como esos pájaros que están cantando y llevémoslo con nosotros haciéndole jurar que no va a escapar porque un hombre que arrostra la muerte es un hombre de palabra.