martes, 15 de diciembre de 2015

Cuento sobre por qué llamo niña a mi amada en mis poemas

     Persuadido por los amigos de que era un producto inocuo, se decidió a probar una droga de diseño, tras ingerirla, en principio se sintió con ansias de exhibir en su plenitud el poder de sus facultades de manera como nunca antes lo hubiera hecho, salió de la discoteca y comenzó a caminar intentando pensar lo que haría pero de pronto le pareció que su ser se estaba transformando desde su misma raíz en algo fuera de la naturaleza humana, primero se creyó una serpiente pero pocos minutos después ya no se reconocía en ella, se identificaba más con un lobo antropófago, sus metamorfosis le causaron tanto terror como tristeza, añoraba la forma humana, el alma humana, la naturaleza con la que había nacido y por la que había recibido las primeras muestras de amor de su vida pero ya no quedaba nada de eso en su realidad existencial, siguió transformándose en seres cada vez más insólitos y desarraigados de la realidad, sintió tanta nostalgia de su perdida humanidad que lloró sentado en el banco de un parque, entonces se creyó opulento río que en su ímpetu inundaba aldeas y destruía miles de vidas, la culpa lo atormentaba, estaba tan angustiado y triste que al cruzarse con el hermoso y tierno rostro de una chica mientras caminaba desesperado, se desplomó en el suelo como si fuera un niño sin equilibrio porque la dulzura de su belleza lo hirió profundamente con una desmedida añoranza de humanidad y sintió ansias de ser amado por ella pero cargaba con tanta culpa y creía tan perdida su inocencia que consideró imposible su anhelo, ella se agachó alarmada a atenderlo y le preguntó si le pasaba algo, él respondió que quería ser niño otra vez e ir al colegio con ella, ella quedó asombrada por esta respuesta y le preguntó si había tomado algo, él le respondió que había devorado un mundo y que la corrupción lo atravesaba de parte a parte, ella le dijo que tratara de dar sosiego a sus pensamientos, que debía haber tomado una droga peligrosa, que no se atormentara porque era su deseo de sufrir lo que le impedía salir de su angustia, que escuchara su consejo porque tenía conocimientos de neurología, él la miraba al rostro y tan dulce y tan bello lo veía que lo usaba como guía en su viaje de retorno a la infancia, al fin creyó llegar a ella envuelta en la miel del amor pero un negro residuo de su delirio se cruzó de pronto y sintió que también en la infancia había corrupción y culpa, durante un tiempo, trató de enfundarse en una apariencia adulta y madura huyendo de la suciedad del niño, le dijo entonces a ella que cambiara su rostro y lo despojara de sueños e inocencia porque en ellos se emboscaba el monstruo que lo perseguía, ella le dijo que haría lo que le pedía pero que abandonara toda inquietud, ella pasó una hora junto a él hasta que su perturbación cesó, volvió a su espíritu la lucidez y todavía admirado y enamorado de la belleza y ternura del rostro de la chica, le dijo con cariño, esta vez no en delirio sino enternecido, que era una niña y que el corazón le pedía que fuera su niña, su pequeña niña porque era lo más inocente que él podía hacer en este mundo y recordando las visiones que le habían representado la infancia como algo sucio, tuvo que admitir que eran la quintaesencia de la necedad.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Tres cuentos sobre cosas parecidas al amor de verdad

1.

     Estaban merodeando por una aldea agrícola para disfrutar del sábado y pasando junto a una casa, vieron un legón y como nunca habían visto uno, preguntaron al hombre que había junto a él qué utilidad tenía, este se sintió tan predispuesto a ilustrarles que les lanzó una larga perorata como respuesta pero a ellos les pareció tan aburrido todo que perdieron todo interés por la herramienta, siguieron caminando y encontraron un banco, estaba hecho en la misma fábrica que el legón y tenía los mismos materiales pero jamás se les hubiera ocurrido preguntar para qué servía, habían visto miles de bancos en su vida y aunque nunca hubieran visto uno, nada más verlo, lo hubieran sabido porque parecía que les decía: “Siéntate, siéntate...”

2.

     Un japonés llegó a Sevilla para enseñar kung-fu y al cabo de unos días, con las amistades que hizo allí, salió de copas, le animaron a tomarse un whisky y cuando bebió el primer sorbo, como nunca lo había probado, le supo muy mal e hizo guiños con los ojos, uno de los amigos le dijo que no se preocupara, que bebiera tranquilo hasta que se acostumbrara al sabor porque hasta que eso no ocurría, a nadie le gustaba, él creyó que todas las cosas eran igual en Sevilla y cuando vio que le ponían delante un plato de gambas al ajillo, no se atrevía a probar bocado pero tanto insistieron los otros que resignado, se llevó una gamba a la boca y esta vez no hizo guiño alguno, le gustó de primeras.

3.

     Un fanático de una secta, para adoctrinar a su hijo, le estaba explicando que para no despertar las iras de Dios y poder seguir viviendo tenía que rezar doce oraciones al levantarse y otras doce al acostarse y que a media mañana, tenía que persignarse cuarenta veces y a media tarde, otras cuarenta y que cada vez que comiera algo, tenía que lavarse las manos treinta y tres veces, su hijo, con tristeza, le preguntó si todo el mundo tenía que hacer eso para vivir y su padre respondió que no, que a los paganos les bastaba con respirar.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Siete cuentos sobre la diferencia entre un artista y un capitalista

1.

     Un artista meditó seriamente en un momento crucial de su vida acerca de cuál era el fundamento máximo de la felicidad de un ser humano y llegó a la conclusión de que era el amor; un capitalista, repantigado en el sillón de su despacho en una breve interrupción del agobiante trabajo para descansar la espalda, se puso a fantasear sobre qué le haría a él más feliz y creyó descubrir que sería un Mercedes nuevo o en su ausencia, una panzada de marisco.

2.

     Un artista escribió veinte odas a su amada y las publicó en un libro para compartir con sus semejantes sus sentimientos reflejados en ellas; un capitalista compró el volumen y vio bien utilizarlo para nivelar las patas de su cama, que se habían descompensado.

3.

     Un artista no quería hacer mal en el mundo y para no hacerlo escuchaba siempre lo que le decían sus sentimientos más esenciales; un capitalista quería evitar que la gente le reprochara sus abusos y por eso siempre cumplía cuando era observado con los preceptos de la religión que aprendió en el catecismo, así, todos pensaban que era buena gente en realidad.

4.

     Un artista, en el momento final de su existencia, repasó en su mente toda la experiencia de su vida y comprobó feliz que no había dejado nada esencial para un ser humano por hacer, había cumplido sus deberes de hombre y obedecido los dictados de su corazón, había sido más dichoso que en el Paraíso porque había satisfecho en su integridad su instinto humano y murió en paz; un capitalista, cuando vio que iba a morir, empezó a temer las penas del Infierno, miró hacia atrás y todo lo que había hecho y lo que le había preocupado le pareció absurdo y estúpido, se preguntó por fin qué era aquello del mundo, porque nunca había pensado en ello de forma deliberada, y no vio manera de responderse, todo lo encontró extraño, cuanto conocía del universo por la ciencia o la religión le parecieron decepcionantes banalidades que no le aclaraban nada en aquel momento, percibió tanta oscuridad en cuanto le había sucedido en la vida que le pareció irreal y ni siquiera tuvo la certeza de que hubiera nacido de verdad, murió sintiendo que ninguna de las cosas que había estado haciendo había sido de provecho alguno.

5.

     Un artista despreciaba el afán por el dinero, al que tenía por herramienta del Diablo y aun así escribió un manifiesto para demandar un salario mucho más digno para los trabajadores de su país; un capitalista pensaba que el dinero era el benefactor de la humanidad y que en él todo era perfecto en contradicción con la pobreza que traía el comunismo pero no quería alzar su voz contra el sufrimiento de todos aquellos pueblos que debían ser exterminados cruelmente para que el capitalismo pudiera cumplir sus promesas.

6.

     Un artista se sentía orgulloso ante todo de ser un ser humano pleno, sin mutilación alguna y por eso nunca buscó vanagloria porque, cuando despreciaba a otro ser humano, sentía que estaba despreciando una parte real de sí mismo, el honor que buscaba era simplemente el de un hombre cualquiera en su más alto apogeo; un capitalista tenía un orgullo tan insignificante que siempre necesitó que los demás lo admiraran para admirarse él, lo que le enorgullecía era ser mejor que los otros, superarlos, humillarlos y hacerles daño porque competía con ellos por el prestigio, poco le importó siempre que otro ser humano careciera de lo que necesitaba aun pudiendo dárselo él porque en la inferioridad de los demás, basaba él su gloria.

7.

     Un artista, se encontró ante una grave dificultad, recurrió al saber y la venció por completo de forma totalmente inofensiva; un capitalista, en esa misma situación, ocultó la verdad para poder destruir todo lo que le estorbaba y cuando ya lo había conseguido, descubrió que su dificultad había aumentado y había que volver a empezar.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cuento sobre el candor de la apariencia de mi amada


   -¿Y si en lugar de estas tinieblas, donde me encierra para siempre el destino, hubiera llegado a un mundo donde mis ojos pudieran ver cuanto me rodea y descubriera que la vida era inocente y dulce, apacible y despreocupada, que todo lo que existía hasta el infinito, en lugar de esta siniestra penumbra habitada por sombras de las que nada espero, era bello, bondadoso y benigno, alegre y adecuado para mí? ¿No habría sido hermoso? ¿No tendría razones para bendecir mi existencia en lugar de para aborrecerla como en realidad me sucede? -esto decía el corazón de un niño del África subsahariana que acababa de nacer en lo más profundo de la noche y contemplaba ahora desde su cuna de bambú la oscuridad de su choza apenas aliviada por los débiles rayos de una luna creciente; mientras lo decía llegó el alba y la claridad que podía percibir aumentó y al poco, pudo ver al fin aquella luz con la que soñaba sin que todavía pudiera persuadirse de que la vida era dichosa y feliz porque no veía más que el frío techo de su casa pero finalmente, el rostro de su padre apareció ante él mostrando una alegre sonrisa, le tomó en brazos y lo llevó afuera y le puso de cara a oriente para que contemplara cómo la aurora había invadido todo el horizonte, en ese instante, sintió una desmedida fascinación por el misterio que le mostraban sus ojos y su corazón dijo:- La realidad son los sueños...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Quince cuentos de siete palabras sobre la diferencia entre la superioridad y la suficiencia

1.

     Su opinión era respetada... Era la obligatoria.

2.

     Decía palabras muy complicadas. ¡Qué extraño loro!

3.

     Subió al estrado... para enseñar el pene.

4.

     Quería tener razón pero defendiendo su mentira.

5.

     Despertaba gran admiración... solo en sus perros.

6.

     No quería dar sino que le dieran.

7.

     Siendo un completo traidor, quería altos honores.

8.

     Se sintió hombre digno porque había asesinado.

9.

     Traje de soberano y alma de siervo.

10.

     Afectó virtud para someterme a su dominio.

11.

     Nunca aprendió nada porque solo estudió leyes.

12.

     Nunca fue niño, siempre se fingió mayor.

13.

     Era inmortal, no tenía valor para morir.

14.

     Fue temible guerrero, si sangraba, se mareaba.

15.

     Vivía en servidumbre, redimido de la verdad.

martes, 3 de noviembre de 2015

Un cuento completamente pesimista, otro rebosante de esperanza y otro de ambas condiciones

1.

     -He leído un libro de hace diez siglos muy extraño, con palabras muy raras -dijo un estudiante a otro-, una de ellas se me quedó grabada porque la repetía muchas veces pero no tengo ni idea de lo que significa.
     -A ver, ¿cuál? -dijo el otro estudiante.
     -Verdad -respondió él.
     -Yo tampoco lo sé -dijo el otro estudiante-, quizá una especie  animal extinguida o una prenda que ya no se usa.

2.

     Si él hubiera sido un hombre en plena posesión de las cualidades que es de esperar de nuestra especie, de inteligencia y estructura mental normal, libre para hacer lo que deseara de verdad y que se dejara llevar por sus emociones naturales con desembarazo, intacto en su espíritu el orgullo del que nos dotan los genes, no se habría hecho ladrón, ni asesino, ni habría cometido abusos sexuales, ni habría acabado su vida en la cárcel, más bien, con toda probabilidad, su instinto no deformado por la enfermedad y la represión le habría impulsado a librar de todo mal a sus semejantes.

3.

     Los diablos seguían dueños del Infierno y los ángeles en el lejano Cielo, sin que su luz influyera sobre las cosas del mundo, los hombres parecían espíritus mediocres viviendo entre los unos y los otros una vida breve y sin verdadero brillo moral, él se estaba yendo amargado por el agravio del papel que le otorgaba semejante estructura cósmica pero cuando empezó a perder la conciencia de su entorno y quedó encerrado en su mundo interior, que era en rigor, el único que conocía y en el que vivía desde que abrió sus ojos al nacer, se dio cuenta de que era él y solo él el verdadero universo y cuando la muerte al fin acabó con su cuerpo, como todo aquel universo suyo estaba protegido por una hermeticidad de la que no podía librarse y no podía evacuarse hacia otro lado para vaciarse y morir, siguió existiendo y sintiendo y gozando y creando otros mundos donde poder imaginarse libre de aquella infinita soledad.

sábado, 31 de octubre de 2015

Diez cuentos de fantasmas de cuatro palabras para regalar a mi amada este Halloween

1.

     Acariciaba sin las manos.

2.

      La materia es irreal.

3.

     Los límites no existen.


4.

     Solo muere el logos.

5.

     Cuánto ignoran los sentidos.

6.

     Lo real es invisible.

7.

     Solo carne, simple expresión.

8.

     Existimos sin un dónde.

9.

     No amó, no percibió.

10.

     Dios es el mortal.

viernes, 30 de octubre de 2015

Veinte cuentos de miedo de dos sílabas y uno de una para contarlos en Halloween si hay tiempo

A Susana Escarabajal Magaña

1.

¡Oh! ¡Ah!

2.

Zigzag...



3.

Mata...

4.

Sexo.

5.

¡Chitón!

6.

Tumba...

7.

No, sí...

8.

Pala.

9.

Libre.

10.

Mancha.

11.

Rata.

12.

Miedo.

13.

Gasa.

14.

Din-don.

15.

Ató.

16.

Fingió.

17.

Control.

18.

Turbio.

19.

Fuerza.

20.

Muro.

21.


Dios.

jueves, 29 de octubre de 2015

Veinte cuentos de miedo de cinco sílabas para contarlos en Halloween a no ser que se haga demasiado tarde

A Lluvia Rojo

1.

     Paró el tiempo.

2.

     Fatuo inmortal.



3.

     Único vivo.

4.

     Rezó obsceno.

5.

     Piojo con poder.

6.

     Se oyó a Dios.

7.

     Rico y pobre.

8.

     Miedo, soledad.

9.

     La vanagloria.

10.

     Faltó orgullo.

11.

     Amó odiando.

12.

     Muerto forzudo.

13.

     Prisión bonita.

14.

     Mentira sucia.

15.

     Niño cobarde.

16.

     Desamor frío.

17.

     Lo sufrió otro.

18.

     Loco muy formal.

19.

     Diablo con reuma.

20.


     Cura con alas.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Veinte cuentos de miedo de dos palabras para contarlos en Halloween

A Cherien Dabis 

1.

     Malo malo.

2.

     ¡Pero cómo!

3.

     La muerte.

4.

     Todo perdido.

5.

     Le cazó.

6.

     ¡Qué caras...!

7.

     No existía.

8.

     Más oscuro.

9.

     De fuera.

10.

     Demasiado silencio.

11.

     Parecían manos.

12.

     Otra vez.

13.

     Sin freno.

14.

     Planta mala.

15.

     Seguía igual.

16.

     ¡Dos corazones...!

17.

     Habitaba espejos.

18.

     Mucha carne.

19.

     Derramaba fatuidad.

20.

     Desobedeció inocente.

sábado, 24 de octubre de 2015

Cuatro cuentos sobre la nariz de mi amada

1.

     Había tenido sueños asombrosos durante la noche y al despertar, me sorprendió el olor de los dulces navideños y del humo aromático del horno en el que se cocían, cuyas emanaciones llegaban a mi dormitorio desde el patio, era mucho más tarde de la hora a la que me levantaba para ir al colegio y me sentía descansado y lleno de energía e ilusión, me vestí y salí de la habitación ansioso por echar mano de uno de aquellos mantecados estrellados o una de aquellas tortas de calabaza y por disfrutar de aquel día de libertad sin obligaciones ni limitaciones y al abrir la puerta de casa para salir afuera, el asombro y la fascinación me estremecieron de gozo porque vi que la alejada montaña a la que daba aquella puerta exhibía en su cima un reborde blanco y reluciente de nieve recién caída.

2.

     Sobre un tallito rectísimo, como si, ávida de la pureza del cielo, se estirara hacia este todo cuanto le fuera posible, había una flor blanca recién abierta, tan hermosa, tierna y deleitosa que un grupo de hadas revoloteaba fascinado a su alrededor.

3.
     Cuando miraba al rostro de ella, se le antojaba que, en la puntita redonda de su nariz, había luz, no visible y pegada a ella como la de una luciérnaga sino encerrada en su esencia, que, ocultamente, se extendía por la inmensidad y llegaba hasta las estrellas y recibía de los ángeles el espíritu de la paz y la bondad.

4.

     Dos hombres estaban estudiando el mismo fenómeno, un científico y un enamorado, el científico llegó a la conclusión final de que el fenómeno era explicable y completamente banal, el enamorado, en cambio, desembocó en la certidumbre de que estaba en el secreto de la existencia y la felicidad y ante el umbral del enigma de la vida, las afirmaciones del científico perdieron todo su valor y transcendencia pasado un siglo pero las del enamorado, semejando ser las más fantasiosas, vencían la barrera del tiempo y ni la eternidad las borraba porque cada vez que el amor, dondequiera que surgiera, se dedicaba a hacer la misma investigación, ocurría similar desenlace.

martes, 20 de octubre de 2015

Cuatro cuentos sobre los labios de mi amada

1.

     Soñé que estaba al borde de un abismo infinito, ahí acababa el universo entero, me llamaba hacia su fondo pugnando contra mi instinto de supervivencia con una fuerza imposible de resistir y cuando sucumbiendo a tan terrible tentación, me dejé caer en aquel vacío definitivo porque no había en el mundo cosa alguna que me causara tanta fascinación como lo que ante mí tenía, me pareció que había entrado en mi pecho la entera inmensidad, que, desobedeciendo todas las leyes de la experiencia y la razón, estaba encerrada en la forma de una humilde y pequeña rosa roja.

2.

     Un estudiante de Filosofía, muy escéptico siempre con el saber, le dijo a uno de sus profesores que no era posible encontrar en el mundo real nada que diera pie a tomar en serio las ideas de verdad, belleza y bien y que la verdad, la belleza y el bien, en el caso de que existieran, dudaba de que fueran compatibles entre sí pero el profesor respondió:
     -Busca unos labios que te hablen con el corazón, que sean hermosos y que te besen y ellos refutarán lo que acabas de afirmar.

3.

     Cuando más feliz se encontraba no era en medio de una gran celebración o gozando de diversión alguna sino cuando, inmerso en la tranquila vida cotidiana, su esposa se le acercaba y le daba un llano beso en la mejilla con sus labios sin pintar, tibios, suaves, apacibles, no, en un ritual de sumisión sino porque la vida se lo pedía, él miraba entonces aquellos labios y le parecían sencillos rayos de la luz del día.

4.

     Se enamoró de ella porque tenía la ingenuidad, la ternura y la gracia de una criatura y hasta cuando miraba a sus labios, donde la fragilidad se acentuaba y resaltaba, le parecía estar viendo, en toda su pureza, infancia e inocencia.

domingo, 18 de octubre de 2015

Cinco cuentos sobre el alma de mi amada

1.

     Rebosaban de relámpagos las plomizas nubes y bramaban con la ira de un dios del mal al tiempo que una lluvia benéfica y de generosa abundancia salvaba los campos de una sequía de años como dedos de agua de una deidad del amor.

2.

     La psicóloga del colegio miró los dibujos del niño y vio uno con vampiros, hombres lobos y demonios que el muchacho había titulado viernes, sábado, domingo, lunes y otro con flores, el Sol, árboles, pájaros y mucho colorido que se titulaba martes, miércoles, jueves, vacaciones, la psicóloga, intrigada, le preguntó al chico por qué había tanta diferencia entre el jueves y el viernes y el niño respondió que el jueves escuchaba la música de una bella violinista que vivía al lado de su casa pero que, desde el viernes hasta el lunes, no podía oírla porque actuaba en el teatro.

3.

     Estaba en el parque, no había absolutamente nadie, aquella tarde de sábado estaba siendo tan tediosa y solitaria que me estaba hundiendo en la amargura pero de pronto llegó del cielo una paloma blanca, tomó tierra, plegó sus alas y comenzó a dar pasitos chicos con sus patitas cortas y delgadas, durante muchos minutos gocé observándola y había tanta gracia y armonía, tanto sosiego y docilidad, tanta viveza, libertad y confianza en su apariencia que su compañía me liberó de todo pesar y volví a casa lleno de paz como si no hubiera dentro de mí otra cosa que el espíritu de aquella ave albina.

4.

     En clase de religión, el cura explicó a los niños que el Paraíso celestial era placentero y en él nunca se sufría y todo lo que se hacía era agradable para el corazón y se gozaba eternamente de la presencia de Dios pero uno de los niños pensó que su amiga era mejor que el Paraíso porque a su lado sentía, además de las mismas cosas que en el Paraíso se sentían, muchas otras imposibles de describir y por si eso fuera poco, ni siquiera tenía que esperar a morirse para disfrutar de ello.

5.

     Amaneció y desde la proa, vi la costa, después de tanto tiempo, al fin estaba regresando a mi hogar, volvía a mi corazón la infancia, de la que había sido despojado, era dueño otra vez de la inocencia y la libertad, de la esperanza y la paz y todo el pesimismo y la resignación que abatían mi espíritu se desvanecieron porque la vida me demostraba que mis sueños también los acogía la Tierra.

viernes, 16 de octubre de 2015

Cuatro cuentos sobre el cuerpo de mi amada

1.

     Muy dentro del bosque, en un claro, encontré un arbolito, tan grácil, tan sencillo, de tan graciosa forma, con tan bellas ramas y tan abundantes flores, que conmovió y enterneció mi corazón, que sintió que ya lo había visto antes en un millón de ocasiones aunque era la primera vez en mi vida que llegaba hasta allí, me parecía estar contemplando el Paraíso aunque no era más que un árbol y empujado por todo ese regocijo y admiración, me acerqué a él y durante largo tiempo, lo tuve unido a mí en un abrazo de ternura que deseó mi instinto más esencial.

2.

     Nunca había sabido lo que era el amor y así se lo dije a aquella bailarina tan bella, ella me confesó su perplejidad pero para que saliera de mi ignorancia acerca de lo que era ese sentimiento, me quiso hacer el obsequio de bailar delante de mí unos pasos de ballet que según ella lo expresaban con precisión, entonces contemplé aquel hermoso cuerpo fluyendo el aire con la gracia de las flores y tal como ella pretendía, conocí el amor por primera vez.

3.

     Soñé que estaba en el Paraíso y cualquier camino que siguiera iba dejando en mi corazón una felicidad infinita e inacabable, en unos me encontraba árboles llenos de fruta, en otros, flores de mil colores, en otro encontré un pradecillo que apaciguaba el aliento y el más dulce, me llevó a la desembocadura de un río, que junto al mar, tenía un manto de nenúfares florecidos.

4.

     Era un guepardo de delicada y poderosa apariencia, deseoso de correr libre compitiendo con el viento y pacífico y dulce en el carácter, tanto que moviéndose, mostraba más armonía que el resto de su especie.

jueves, 15 de octubre de 2015

Fuerza

A I. D. S.

     Su empeño era alcanzar el remedio universal y eficaz más allá de toda excepción contra el cáncer, su esposa tenía metástasis en una mama y eso hacía su búsqueda desesperada, era un científico de prestigio y su mente era prodigiosa, pasaba noches enteras metido en su laboratorio, tomando notas y acumulando experiencias sin permitirse apenas pausa para el descanso porque sentía que su labor era más importante que su propia vida, día tras día y noche tras noche, en una acelerada carrera contra el tiempo, trabajaba hasta la extenuación, llegó a perder el sueño y en ese momento creyó incluso que podría trabajar ininterrumpidamente apenas durmiendo dos horas con la ayuda de potentes narcóticos, poco a poco su cerebro se iba hundiendo en la fatiga, de vez en cuando, la fuerza de alguno de sus miembros parecía decaer repentinamente pero él no prestaba atención a otra cosa que al progreso de sus investigaciones, un día, luchando contra los calambres y las extrañas sensaciones interiores, creyó hallarse al umbral del sueño que ansiaba conquistar, en los enigmas que había estado estudiando, estaba entrando una y otra vez la luz de la revelación, creyó que le faltaba apenas medio día para llegar a su añorada meta e iba a apuntar todas sus impresiones en su bloc de notas cuando, sin mediar previo aviso, su cuerpo se desplomó desprovisto de toda fuerza y ni siquiera encontró las energías suficientes para arrojar violentamente el aire de sus pulmones en un grito de espanto.
     Lo encontraron tirado en el suelo, incapaz de hablar palabra alguna o hacer el más leve movimiento excepto el de los párpados de sus ojos. Lo condujeron al hospital y buscaron durante días un remedio a su mal que no llegaba, había algo más que fatiga, parecía que incluso su espíritu estaba sumergido en la parálisis. Él mientras tanto se sentía en completa posesión del secreto que curaba el cáncer pero no hallaba en sí la fuerza que le permitiría comunicárselo al mundo, su saber era ahora el de un dios pero su voluntad estaba muerta y de nada le servía, su poder era desmedido pero carecía de la decisión necesaria para hacerlo brotar, un día, mirando a su esposa desde su cama del hospital se imaginó que iba a ser el responsable de su muerte porque él era dueño de todo el saber que permitía salvarle la vida pero no hacía nada por ponerlo en práctica, los médicos habían dicho que su estado era irreversible pero él, olvidándose de su incertidumbre, sus dudas y su resignación, buscó en su alma la energía para mover un brazo con tanto ímpetu y afán como si fuera a lanzar una flor muy alto hacia el cielo y, aunque nadie esperaba ya que pudiera moverse, en cuestión de un par de minutos, dio vida a todos sus músculos y se levantó de su lecho.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tres cuentos sobre el rostro de mi amada

1.

     De la espesura, brotó un hada, tenía la mirada desnuda mostrándome la verdad de la vida, en sus brazos traía para mí una primavera rebosante de flores, hierba, brisa, esperanza, el pensamiento me tentaba a creer que soñaba porque contemplaba con los sentidos del cuerpo las delicias del espíritu pero, cada vez que miraba a aquel ser sublime a esos ojos suyos tan cargados de certeza, mis dudas cesaban y veía claro que lo que estaba viviendo era la realidad. Su pelo era tan negro como una noche sin Luna, me aproximé a ella y se lo besé, rocé su rostro con mis manos y la apreté contra mi pecho, no me hizo falta decir nada, los dos sabíamos ya que éramos lo mismo aunque el mundo nos hubiera partido.

2.

     No era una mujer, era un vórtice oscuro que me arrastraba violenta y precipitadamente hasta su profundidad, donde no esperaba una muerte sino seda, miel, perfume, libertad, gozo.

3.

     Mirando a su rostro, mi corazón manaba un río de compasión y el alma se me llenaba de ternura y me nacía un afán desmedido de ayudar a aquella muchacha a no sentirse sola y a hacerle comprender hasta qué punto yo la admiraba y ansiaba ser uno con ella pues me parecía que ella no sabía con cuánta razón lo merecía, en aquella cara, aún se percibía la niña que había sido un día y tanta inocencia y tanta virtud y tanta sencillez desnudaba mi alma y la despojaba de toda fuerza para resistirse al deseo y la llenaba de añoranza de aquel ser, tan hermoso que no era posible renunciar a él. Poseído por este afán, la posibilidad de que ella no quisiera que yo fuera suyo me sumergía en aquella misma melancolía que creía que reflejaban sus ojos.

martes, 29 de septiembre de 2015

El frío del Maligno

     Fernando había descubierto con inmensa satisfacción gracias a una prima el placer de dar dignidad a lo que las ropas ocultaban siempre y arrebatarle su estigma de suciedad e impureza, no había arrogancia en sus juegos, ni odio, ni egoísmo, al contrario, satisfacían su instinto del bien. Su madre iba a dar a luz y otra de sus primas, mucho mayor que él pero de la que estaba enamorado vino a hacerse cargo de los niños esa noche. Fernando tenía en su mente la dulzura con que su prima le trataba siempre cuando le pidió que jugaran a aquello tan placentero que jugaba con su otra prima pero ella, en cuanto entendió a lo que el niño se refería, temiendo la deshonra y el escándalo, gritó con furia a su padre lo que el niño le había pedido mostrando melindres de honestidad e integridad moral. Su padre, que apenas tenía coraje pero cuyo temor a la opinión era un estímulo poderoso de su voluntad, se lanzó contra su hijo y le gritó que rezara, que rezara o el Diablo le pasaría el rabo por la boca. Él rezó lleno de inquietud hasta que se quedó dormido. Pero al día siguiente, ansioso de desprenderse de la angustia que la imagen del Diablo metiendo su rabo en la boca le había producido, quiso que su padre le confirmara que solo había sido una broma y le preguntó cómo iba el Diablo a pasarle el rabo por la boca si tenía forma de persona y las personas no tienen rabo pero su padre, que quería que en la mente del niño entrara bien toda la fuerza de su insidia, le dijo que lo que tenía delante cuando estaba en cueros era su rabo, aquella imagen perturbó profundamente la mente de Fernando, que se dio perfecta cuenta de que su padre lo estaba escarneciendo, humillando su sexualidad, convirtiéndolo en nada, negándole toda dignidad, comprendió que el corazón de su padre no tenía amor para él puesto que despreciaba su pureza y le prohibía el placer y la vida solo por hacerse querer de desconocidos que defendían una mentira humana, su reacción más inmediata fue manifestar su indignación contra su padre y aunque no deseaba matarlo, con jactancia verbal le dijo a su madre que le diera una navaja para hacerlo. Empezó a sentirse sucio por dentro, creía que los otros merecían más el afecto de su padre que él y él no acababa de asumir esa realidad. Su madre hubo de ser operada por las complicaciones que habían tenido sus partos, durante todo el proceso, tanto su hermana como su padre como su propia madre le reprocharon la frialdad con que estaba afrontando aquella crisis familiar puesto que quería ver la televisión y divertirse en lugar de estar esperando lleno de tristeza e inquietud el desenlace, él cada vez se sentía más culpable, parecía que en el mundo no hubiera nadie que le quisiera de verdad, por las noches, tenía miedo, temía la aparición del Demonio, ser objeto de su escarnio brutal solo por haber buscado el placer y haber querido ser como los adultos porque eso era un escándalo, una vergüenza que se castigaba con la humillación y el frío. A medida que pasaba el tiempo se iba olvidando del odio que había visto en su padre, él le regaló una navaja pequeña y él ya solo se acordó en adelante de lo inmundo que era el placer, de la dignidad que merecía la sociedad y el poco valor que, por el contrario, tenía él, fue tomando forma en su mente la idea de que crecer era para él un empeño imposible y que adoptar actitudes de persona adulta era un comportamiento deshonesto. Cuando empezó a ir a la escuela, frente a todos los demás niños, se sentía el más extraño, inferior a ellos, su delgadez le hizo merecer motes y burlas que incrementaron su sentimiento de marginación, pronto aparecieron sus obsesiones, que tanto irritaban a su madre, deseaba los juguetes más caros, los más extraños caprichos, las más exquisitas rarezas, en el fondo, buscaba esa pureza de la que creía que carecía él, en el colegio cada vez se fue sintiendo más inferior, veía a los otros chicos más aptos para la vida, más capaces de comportarse como adultos, él tenía buenas notas pero se sentía tonto frente a los demás, padeció muchas veces el acoso y sus remordimientos se agravaron notablemente. Un día jugando alegremente se clavó un alambre oxidado en la pierna, el placer del juego le parecía que había justificado el dolor consiguiente, él no merecía el gozo, el gozo era para los otros, se calló por sentimiento de culpa pero, a medida que avanzaban los días, su angustia crecía, se sentía castigado, condenado por el destino por haber disfrutado tanto jugando, creía que iba a contraer el tétanos y, después de aguantar su silencio hasta el extremo del horror, contó lo sucedido a su madre, ella alarmada y enfadada lo llevó al médico, que procedió a apartar la concha de su herida y desinfectarla y mandó que le pusieran la vacuna. Cerca de la pubertad, bromeando inocentemente con un amigo al que le gustaban los chicos, le mordió en el cuello diciéndole que era un vampiro, este amigo reaccionó de una manera imprevista para él y profundamente traumática porque le advirtió ásperamente que sus compañeros de clase le estaban mirando y que iban a pensar que eran pareja, él estaba lejos de sentir la homosexualidad como su propia orientación pero estaba tropezándose una vez más en la vida con el frío, con la traición de quien prefiere mantener las apariencias a ser fiel a un afecto, su padre había dado en besarle todas las noches antes de dormir como una imposición casi moral del falsamente piadoso que siente lástima, él lo presentía pero creía que le debía lealtad y no se atrevía a hacerse consciente de ese desprecio, una mañana tuvo un sueño alucinatorio, el Diablo hacía acto de presencia y él, sin poderlo evitar, se dejó llevar por una emoción de afecto, en ese momento, estallaron dos voces llenas de ira, una era la de una mujer escandalizada y otra la del Diablo iracundo, en los días subsiguientes, sufrió la peor obsesión que había sufrido hasta entonces, se creía perseguido por el Diablo para conseguir su alma, él no podía encontrar un motivo lo suficientemente fuerte para creer que Dios era mejor que el Demonio y su duda hizo más angustiosas aquellas dos semanas de sombrías cavilaciones y horrores. Cuando llegó a la adolescencia, odiaba a los otros chicos, los creía estúpidos porque les veía afectar madurez, cosa que a él le parecía de una gran petulancia y, sin embargo, se sentía hondamente frustrado porque no podía liberarse de la infancia, creía que iba a ser siempre un niño, que le iban a tratar siempre como un muchacho, que no le iban a dar dignidad de adulto jamás, una fuerza que él ya no podía recordar le estaba oprimiendo para que renunciara al éxito, al crecimiento, a la vida a cambio de no ser escarnecido cruelmente, de no ser humillado, de no sentirse impuro y corrupto por haberse mostrado natural, deseoso del placer, ansioso de ejercer su derecho a estar en el mundo. Recordaba aún la amenaza que el Diablo le había hecho en una fantasía antes de que cesara su obsesión:
     -Ya verás a los veinte años lo que te hago -sintió que le había dicho.
     A los veinte años se enamoró de una chica, quería hablarle pero temía el rechazo, una invisible barrera le impedía satisfacer su desmedido anhelo de comunicarle su amor, los días pasaban sin que hubiera avance alguno en el logro de aquel afán de su corazón, de nuevo se sintió presa de la corrupción y la suciedad, esta vez fue su calvicie, temía estar quedándose calvo pero no era capaz de asumirlo con naturalidad, le horrorizaba ver en los espejos el avance que había hecho su alopecia, le parecía repulsiva, asquerosa, sucia, de nuevo callaba lleno de remordimientos, lo sentía como un oprobio, como un castigo, se había atrevido a soñar con el amor cuando a él, solo a él, le estaba vedado, cada vez que su instinto de vivir llamaba a su puerta, la sensación de suciedad, de oprobio y corrupción lo llenaba de culpa y lo estancaba en el fracaso. Su frustración amorosa acabó produciéndole delirios, creía que la gente de la calle o de dondequiera que estuviera le transmitía señales extrañas que él iba ensartando en su pensamiento y daban por resultado fantasías irreales y misteriosas y, a menudo, tan humillantes para él que se sentía objeto de una esotérica, velada y radical marginación social, se sentía incluso fuera de la especie humana, odiado por todos, menospreciado hasta por aquellos amigos que no paraban de reírse de él. Muchos años siguió sintiendo aquel delirio, que le quitaba toda su fe en su inocencia y su pureza, durante el mismo, podía percibir el hielo de unos alientos infinitamente fríos que hurgaban en las emociones más secretas de él y estallaban en el sarcasmo más doloroso y el odio escandalizado cada vez que él mostraba el más pequeño asomo de fragilidad humana, no faltó el sufrimiento por la preocupación de que su problema mental fuera una homosexualidad no asumida, posibilidad que lo amargaba porque no deseaba tener esa orientación sexual y porque sabía hasta qué punto la sociedad despreciaba a los homosexuales. Los psiquiatras y psicólogos no consiguieron gracias a su deliberada incompetencia más que ahondar su bajo concepto de sí mismo, en su vida apenas había luz alguna, su padre empezó a padecer ataques epilépticos, creía que eran un castigo a la tranquilidad con que vivía la vida porque, en medio de la paz de la existencia, incluso en una Nochevieja o en unas fiestas patronales, su padre caía en un ataque y a él le parecía que el poder de la justicia sobrenatural estaba impidiendo una vez más su felicidad. Cuando su padre cayó en la crisis definitiva, él tenía más de cuarenta años y aún no conocía el amor, la extrañeza de los síntomas de su padre, en su mente perturbada por recientes crisis en su enfermedad mental, hacía aparecer fantasías en las que no faltaba el Demonio pero estaba tan acostumbrado a su mal que esas fantasías no le producían horror alguno, ni siquiera cuando vio en un centro de salud a un hombre pelirrojo y cojo que tenía los zapatos redondos, como para una pezuña o cuando le contó su madre y la vecina de habitación del hospital que habían visto aparecer un objeto blanco muy extraño entre las dos camas y desaparecer luego precipitándose contra una de las mesitas. Fernando estaba dejando de sentirse inmundo, había visto el desapego que su padre mostraba en algunas fases de su enfermedad y la escenificación que su madre se creía en la obligación de representar para que no se dudara del afecto que tenía por su marido y tuvo la clara evidencia de que la sociedad era un teatro y que él, en cambio, se había mantenido toda su vida fiel al bien, al auténtico bien, al que no depende de la forma sino del corazón y la piedad y comprendía que era absurdo seguir creyéndose culpable de nada o renunciar al amor y la ternura inocente que sentía ansias de dar a otro ser humano. Pasaron unos años y conoció a una chica por internet que se interesó por él y su corazón se unió con el de ella para siempre pero todavía se sentía angustiado, se imaginaba que era menospreciado por la sociedad y eso lo perturbaba mucho, seguía creyéndose culpable de un horrible pecado porque la sociedad no correspondía con un afecto explícito a sus buenos deseos, un día se estropeó su conexión a internet y, al poco, sintió una inquietud profunda, la ociosidad en que aquel contratiempo le dejaba le permitió prestar atención más detenida a los pensamientos que había tenido algún tiempo antes, su viejo temor de haber hecho un pacto con el Diablo sin él saberlo. Recordó que había escuchado en duermevela poco antes de los ataques definitivos de su padre una voz muy grave que decia “Satán” o que, en sus años de Universidad, había escrito en un papel con su propia sangre la palabra “Sufro”, lo que podía quizá haber valido como un contrato formal, recordó el horror que toda su vida había sentido por el Demonio y su presencia en tantas fantasías que su enfermedad le había hecho elaborar, recordó que más de una vez había creído estar, contra lo que afirma la iglesia católica, condenado en vida, sintió una vez más la angustia del fracaso, de estar cayendo de nuevo en la enfermedad, de no haber tenido suerte tampoco esta vez en el empeño de alcanzar la felicidad, de que toda su gloria, todo su amor fuera falso, de que, como tantas veces en su vida había sentido, fuera un ser inmundo, corrompido, el más despreciable de la sociedad, un condenado al Infierno. Pero, al poco, se dio cuenta de que alguien que escribe en un papel con su propia sangre “Sufro” en medio del tormento de una enfermedad mental solo por salir del agobio que siente haciendo una locura tal y como hizo otra vez quemando unos papeles que tenía pegados a la pared de su habitación o emborrachándose con un tetrabrik de vino que un amigo había comprado para su comida, no está vendiendo su alma al Diablo sino demostrando lo desesperado que se siente, quiso averiguar qué había tras la imagen del Demonio en la historia objetiva de su vida, recordó sus juegos sexuales y un sueño que le inspiró mucho miedo donde veía un insecto convertirse en un brazo asomando a la cabecera de su cama, pensó que ese brazo levantado era el fascismo, que hizo a su padre herir tan despiadadamente a su hijo, también le sugirió la imagen del que se ahoga y pide auxilio y recordó la vergüenza profunda que sintió cuando se vio desnudo delante de todos los bañistas ante las olas del mar adonde su madre lo llevó para que el agua salada lo fortaleciera, lloraba entonces porque temía aquel río tan grande y porque le daba vergüenza su desnudez y se sentía sucio ante los otros, aquel brazo también tenía algo de los golpes que su madre le daba cuando jugaba sin deber, aquel brazo era algo postizo, algo que no cuadraba, algo que fingía ser humano sin serlo y supo que su empeño en satisfacer a la sociedad era su auténtico pecado, que el escarnio del Demonio o el del hipócrita que se escandaliza importaban muy poco porque ellos no valían nada y no socavaban su valor, que el Demonio era una vulgar patraña y que tras él se escondía su falta de valor para asumir que su padre no lo quería demasiado y que tanto él como su madre lo respetaban menos que al mundo, al que también él quería halagar ahora sin ser consciente de que no merece la pena pues solo se debe entregar el alma al corazón al que gustas. A su corazón se le reveló hasta qué punto era relevante el recuerdo del frío mostrado por su prima en toda la historia de su vida y que era la hiel de aquella persona y no la referencia posterior al Demonio de su padre lo que de verdad le había hecho descubrir el horror del Mal y vivir para siempre temiendo su amargo roce. Cuando supo esto, pudo por fin perdonarse su falibilidad y su irrelevancia para la sociedad, dejó de ver en ellas la señal de una inmunda culpa pues en ningún lugar hallaría tan desmedido rigor excepto en el gélido aliento de los seres malvados.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Diez respuestas a los ataques contra la dignidad

A Susana Escarabajal Magaña

1.

     -Eres una mierda de hombre.
     -Y tú eres una mierda de dios.

2.

     -No haces nada bien...
     -Lo único que no hago bien es agradarte y es por propia voluntad.

3.

     -Mi país es mejor que el tuyo.
     -Pero tú eres peor que yo.

4.

     -Prefiero callarme lo que opino de ti.
     -Caray, qué respetuoso eres.

5.

     -Sexualmente, eres una basura.
     -Por lo que se ve, tú debes ser un diamantito.

6.

     -Qué tonto eres.
     -No sigas, cuando quiera un aburrido informe sobre mi inteligencia, se lo pediré a un especialista.

7.

     -Tienes cara de imbécil.
     -Y tú tienes cara de mentiroso.

8.

     -Eres un fracasado.
     -Es que no iba buscando el triunfo sino la verdad.

9.

     -En mi casa, tú no entras.
     -Pues me ahorras trabajo en urbanidad y educación.

10.

     -Supongo que imaginas que eres muy inteligente y valioso, ¿no?
     -¿Por qué lo supones? No todo el mundo es como tú.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Sábado

A mi amada

     Era sábado. El día siguiente era el previsto para su ejecución. Él era inocente pero nadie lo creía, nunca nadie había creído en él, ni siquiera sus padres o su hermano, todo el mundo le había tenido como un ser menor, insignificante, que no merecía demasiada atención, él sentía una infinita sed de dignidad y aquel sábado último de su vida lo que más le atormentaba era que iba a morir sin que a nadie le importara, sin que nadie deseara vivamente que no ocurriera, nadie habría salvado su vida, no dejaba nada de valor en el mundo. Qué parecido guardaba aquel día con tantos otros sábados de su vida llenos de soledad, tedio y añoranza de exhibirse ante los ojos del mundo porque los pasaba encerrado en casa debido a su terrible timidez, la mirada de una mujer penetrándole el corazón para comulgar con él era la felicidad soñada que el mundo ya nunca le daría, solo le quedaba un sábado y lo iba a pasar también encerrado.
     A las ocho de la tarde, un guardia entró en su celda para preguntarle si accedía a atender a una periodista, él estaba deseando que ocurriera algo así y respondió prestamente que sí. Cuando la periodista entró, le pareció muy hermosa, dotada de formas que satisfacían a la inteligencia y conquistar su interés le parecía un alto honor que podía aliviar la agonía de sus últimas horas. Cualquier hombre de la calle, donde tan ávido está todo el mundo de esconder todo aquello que lo avergüenza, lo habría intentado jactándose de sus méritos más evidentes e impresionantes pero él vivía sus últimos momentos, por un instante, quiso hablarle de sus poemas pero, nada más imaginarse perdiendo el tiempo en ello, se vino abajo y, brotando de la raíz más honda de su alma, experimentó el ansia irreprimible de revelarle lo insignificante que se sentía y el frío que había en su corazón.
     La primera pregunta de ella le permitió cumplir su anhelo porque era cómo se sentía ante la inminencia de su ejecución, a lo que, con la desesperación de quien ve que ha de ahorrar todas las palabras que sobran, respondió:
     -Siento amargura porque voy a morir sin haber sido amado nunca, me iré de la vida habiendo sido prescindible para todo el mundo, nadie se ha parado a mirarme en mi viaje por la existencia, el lunes ya no estaré aquí pero para nadie significará eso nada fuera de lo normal, es como no haber vivido jamás porque ningún semejante se ha dado cuenta de que lo he hecho.
     La periodista se conmovió ante esta respuesta y, olvidando todo interés profesional, le preguntó por qué le había sucedido eso.
     -Tuve miedo de desnudar mi rostro ante otro ser humano -dijo él-, estaba convencido de que se amaban aquellas apariencias que, en la calle, se premian con el honor y el reconocimiento y yo siempre me supe insignificante, sin ninguna de las virtudes que codician los hombres.
     -Su historia es desoladora -dijo la periodista-, permítame que sea yo la persona que lo eche de menos en el mundo.
     Y, a continuación, ella le tomó una mano y, mirándolo a los ojos con mucha tristeza, se la acarició largo rato, sin decir nada, sin continuar la entrevista, olvidándose definitivamente del trabajo que había venido a hacer, segregando su corazón una miel que iba mezclándose poco a poco con el dolor que, por aquel hombre, surgió en su espíritu. De la misma manera, él sintió manantiales de consuelo con aquella caricia inocente sobre su mano, supo con toda evidencia que sería echado de menos por aquella mujer, sin sospechar fingimiento alguno porque también él estaba experimentando por ella un afecto real, patente, cargado de certeza. Ella no quiso estar presente en la ceremonia de su ejecución pero él murió en paz y enamorado.

lunes, 31 de agosto de 2015

Mariconada

     -Antonia, te dije que no quería que mi hijo fuera a la universidad, ahora sale con que tiene ansias de esto que me ha apuntado en este papel, ¿tú sabes lo que es? ¿No será acostarse con un hombre? Seguro que es una mariconada.
     Antonia tomó el papel, lo leyó y vio que decía Individualidad.

domingo, 30 de agosto de 2015

Un prepotente y un humilde

     Un prepotente hirió el orgullo de un hombre humilde y este buscó dentro de su corazón los argumentos para defenderse del agravio que le habían hecho y los expuso con energía ante el prepotente, lo que, a su vez, hirió el orgullo del prepotente pero, como no tenía corazón ni justificación alguna, lo único que este hizo fue buscar cuantas palabras podían resultar hirientes para el hombre humilde y arrojárselas violentamente a la cara, el hombre humilde se sintió triste pero se dio cuenta de que aquel hombre que tenía delante no quería bien para serenar su conciencia sino fuerza para olvidarse de la muerte y, comprendiendo que no hablaban el mismo lenguaje, dio media vuelta y se marchó.

sábado, 29 de agosto de 2015

Sin honras fúnebres

     Cierto esclavo enfermó gravemente pero las mieses estaban listas para la siega y se le obligó a participar en ella, a los pocos minutos de ponerse a la tarea, expiró y cayó desplomado sobre las espigas, los hombres trasladaron el cuerpo a la villa y el terrateniente mandó que lo llevaran en un carro a enterrarlo sin siquiera hacerle exequias porque consideraba que ya había hecho bastante por él pagando su manutención.

martes, 25 de agosto de 2015

Incredulidad

A Susana Escarabajal Magaña

     A Adrián López le tocó el Gordo de Navidad y tan extraño se veía dueño de semejante suerte que no se lo acababa de creer.
     -No me hago a la idea de que me haya caído todo ese dinero de golpe -decía en el bar muy seriamente a sus amigos.
     -Pues ve haciéndote a ella porque es la realidad -le respondían los otros.
     Pero él era tan responsable que ni se alegraba y hasta parecía triste de lo perplejo que estaba. Todo su empeño era aterrizar sobre su montón de euros y disfrutar el júbilo de un premiado en la lotería pero para eso tenía que sobreponerse a su incredulidad y pasaban los días sin que bajara de su nube.
     Su novia le decía que era un dislate que habiendo tanta gente desdichada en el mundo por carecer del dinero suficiente él estuviera a aquellas alturas casi lamentándose y lloriqueando con toda aquella fortuna en su poder y lo acusaba de ser víctima de la mentalidad judeocristiana, que proyecta la culpa sobre los goces individuales, él le daba la razón a ella pero al poco ya estaba insatisfecho porque su pensamiento le volvía a representar con escepticismo su éxito en la lotería.
     Unas veces temía que impugnaran el sorteo, otras, que le robaran toda la suma que había ganado y otras dejaba de tener claro que el Gordo de Navidad fuera una cantidad lo suficientemente satisfactoria para él. A primeros de febrero, tan angustiado e incómodo se sentía que casi le entraban ganas de llorar. "¿Y no se me quedará en nada con la devaluación y la crisis?", se decía con desesperación, "¿No me pasará como a la cigarra que tan feliz estaba cuando tenía de todo?", y su ánimo permanecía hundido y temeroso, incapaz de celebrar la fortuna de la que gozaba.
     Se vio tan desesperado que, a modo de terapia, decidió compartir sus inquietudes íntimas con alguien que hubiera pasado por su misma experiencia. Encontró en su ciudad a otro premiado por el Gordo de aquel año y, una vez sentado en un sillón de su cuarto de estar, con mucha circunspección, le dijo:
     -Siento una honda desazón espiritual, vivo una agonía profunda, toda mi vida me he sentido infeliz por no tener dinero, en Navidad, me cayó el Gordo pero aún así siento como si siguiera siendo pobre, ¿sabrías tú decirme cómo puedo convencerme de que ya soy rico?
     El otro, sin vacilar un instante, le respondió:
     -Compra lo que no pueden comprar los pobres.
     Adrián se quedó dubitativo en un principio pero luego comprendió que aquellas palabras estaban cargadas de lógica y su espíritu vio al fin la luz.

domingo, 23 de agosto de 2015

Etiología de un hombre triste

A esa persona tan dulce que me enseña el arte de la felicidad

     Gregorio Manzano, se despertó una mañana en su lecho convertido en besugo, sentía una tristeza y un agobios soberanos porque se estaba ahogando y era lo único a lo que atendía su corazón, empezó a dar coletazos como un loco, rompió la cama y tanto se debatió que salió por la ventana, que daba al mar Cantábrico, y cayó directamente a él, una vez en el mar, dejó de sentir asfixia pero, como los peces no tienen memoria, seguía estando triste, con ese rostro amargado que tienen los besugos, porque tenía hambre y no encontraba nada para comer y además estaba completamente empapado pero, tras nadar unos metros, se encontró una manada de gambas y, con presteza y habilidad, se las embuchó, si hubiera tenido memoria, estaría muy contento porque, al fin había matado el hambre pero los peces no recuerdan más que lo que ha ocurrido un minuto antes y ahora estaba desolado porque se notaba empachado por todo lo que había comido, de pronto, tan súbitamente como se había convertido en pez, volvió a su forma original de buen burgués con gran astucia para los negocios y, al verse bajo el agua y sin saber nadar, desesperado y horrorizado, creyó que iba a perder la vida en cuestión de segundos pero había caído en una red y los pescadores que la habían tendido lo sacaron a la superficie.
     Gregorio se había salvado como por milagro y había recuperado su forma de privilegiado animal humano pero, una vez a bordo del pesquero, no le desbordó la alegría por seguir viviendo, por ver el Sol poniéndose en una mar calma, por escuchar las gaviotas y respirar la sana brisa que soplaba, cosas todas ellas que había podido perder porque ahora su memoria no tenía laguna alguna pero se empezó a acordar del cliente moroso que le debía cinco mil euros e, inquieto por lo que le depararía el futuro, se olvidó de todo lo demás.

sábado, 22 de agosto de 2015

Tiempo

A mi amada

     De pronto, una grieta de eternidad resquebrajó el cosmos, las veinticuatro horas del día comenzaron a corromperse, como veinticuatro cadáveres, en apenas una tarde, se disiparon, como el azúcar en el agua y los relojes quedaron huecos, hinchados, sin vida, como cáscaras vacías, desaparecieron las ansias, los pechos quedaron sosegados, contemplando el horizonte, los pájaros, las montañas, el mar se hizo más ancho, el cielo, más alto, el Sol, más pausado, los caminos se volvieron largos y deleitosos, las flores nunca se marchitaban, los insectos se durmieron, los árboles se cargaron de frutos, la noche parecía el día de tan serena, de tan amiga, de tan plateada, los hombres ganaron alas y alcanzaban las nubes repletos de sueños, de pronto, el mundo se había quedado sin tiempo y todas las prisiones se desplomaron impotentes.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Seis relatos sobre el deber de un hombre (6)

A Lluvia Rojo

     En el edificio número seis de la calle Albacete, entraron a vivir casi simultáneamente tres matrimonios recién casados y los tres fueron tres veces padres. Los del tercero A creyeron que su deber en la vida era aparentar dignidad y tan hueca fue la educación que les dieron a sus hijos que uno acabó siendo adicto a la heroína, otro cayó en la enfermedad mental y otro tuvo un carácter tan frío y cínico que les dio todavía más problemas que los dos primeros. Los del segundo B tenían la humildad como su más alta preocupación y sus tres hijos fueron tres amargados, envidiosos, dominantes, arrogantes y engorrosos picapleitos. Los del primero C no tenían prejuicios sobre la forma que habían de adoptar sus vidas pero sí tenían claro que su corazón debía conservarse vivo, alejado de la mentira y dueño de sus voluntades, amaron a sus hijos y nunca les reprocharon que soñaran y que fueran orgullosos y estos fueron toda su vida felices, jamás hicieron daño a nadie y llenaron de bienes su alrededor lo mismo que si se tratara de los tres Reyes Magos, se casaron casi al mismo tiempo y fueron a vivir en el mismo edificio y entre los tres tuvieron nueve hijos de tanta bondad que ni de niños tuvieron el impulso de pisar los escarabajos.

lunes, 17 de agosto de 2015

Seis relatos sobre el deber de un hombre (5)

A Eya Jlassi

     Un hombre iba a trabajar a otro país y, en la terminal de autobuses, se despidió de su mujer y todos sus hijos. Al más pequeño le puso las manos en los hombros y le dijo:
     -Estudia mucho para que el día de mañana no tengas que irte al extranjero como tu padre -y le dio un beso.
     Luego se dirigió al hijo del medio, le dio unas palmaditas en la mejilla y le dijo:
     -Encuentra una novia decente, quien tiene una mujer mala no tiene nada.
     El mayor se puso entonces frente a él, su padre lo abrazó y le dijo:
     -A ti no te digo lo que tienes que hacer que ya eres mayor.
     Pero su hijo, que era muy inseguro, sufrió una tremenda decepción porque nada le hubiera agradado tanto como que le aclararan su deber.

Seis relatos sobre el deber de un hombre (4)

A Susana Escarabajal Magaña

     Un deportista quiso cruzar el estrecho de Gibraltar a nado con tan mala suerte que, a mitad de camino, apareció por los alrededores un tiburón y tan hambriento estaba que se dirigió velozmente hacia el nadador, el vigilante de la Guardia Civil costera que le acompañaba, tan hábil fue que se anticipó a la dentellada del tiburón disparándole con su arma con la suficiente puntería como para dejarlo malherido. Al día siguiente, en un bar de Cádiz, leía el Marca un asiduo del local y, tras conocer todos los detalles de la proeza incluyendo el incidente del escualo, le dijo al dueño, que estaba en la barra:
     -¿Te das cuenta de cómo es el mundo? Al deportista lo ponen en primera plana y cuentan lo que ha hecho en titulares grandes y, en cambio, del guardia civil que mató el tiburón y le salvó la vida, no dicen ni el nombre y su historia sale en letra pequeña. No hay justicia en la humanidad...
     -No veo por qué no va a haberla, Carmelo -dijo el dueño del bar-. Al deportista lo ponen en letras grandes porque nadar catorce kilómetros seguidos no es algo bueno en sí, no arregla nada con eso, no le hacía ninguna falta hacerlo pero quería llamar la atención y se lo han reconocido y, en cambio, el guardia civil lo único que hizo fue cumplir con su obligación, si no lo hubiera hecho, le remordería ahora la conciencia, lo difícil ha sido lo del nadador, lo del guardia civil lo hacemos todo el mundo.

viernes, 14 de agosto de 2015

Seis relatos sobre el deber de un hombre (3)

A I.D.S.

     Un hombre recién casado fue con su esposa al cementerio de su pueblo a enseñarle las tumbas de sus padres, ella lo miraba todo con respetuosa curiosidad y, cuando ya iban a salir, se dio cuenta de que alguien escupía sobre uno de los sepulcros y le hacía un gesto de desprecio con los brazos, algo más tarde, ella le preguntó a su marido si lo había visto, él respondió con seriedad que sí y ella dijo entonces:
     -¿Pero qué hizo el hombre enterrado para que se le agravie de esa manera?
     Y su esposo respondió:
     -Solo ser justo y sabio.