martes, 25 de noviembre de 2014

El hombre que quería conocer

A Lluvia Rojo

     Desde muy niño, una desmedida curiosidad le hacía internarse por los caminos del estudio y la observación. Quería saber cómo funcionaba el mundo, qué lo movía, para qué servía cada cosa que había en él. Cuando se hizo adulto, su ansia de conocimiento continuó agitando su interior. Llenó su vida con las revelaciones de las ciencias más dispares, su afán permanente era aprender algo nuevo.
     Pero, de pronto, se sintió insatisfecho, notó que, en su existencia, faltaba algo, no sabía qué. Un día, en el supermercado, se fijó en la cajera y le pareció tan agradable su aspecto que sintió una extraña añoranza de una pareja. Al cabo de unos pocos meses, la halló y tanto se enamoró de ella que creyó que nunca hasta entonces había amado de verdad. A medida que iban pasando los meses, iba queriendo a su amada más profundamente y si, al principio de su relación, aún creía poder explicarse lo que le estaba ocurriendo, ahora ya no tenía manera de describirlo porque, tal y como él lo veía, el amor era lo más inútil que había conocido en el mundo y, sin embargo, su corazón le decía que no había nada más imprescindible en la vida.
     Al final, se casó y, para hacer espacio en casa a su esposa, se deshizo de cientos de sus libros. Mientras hacía escrutinio de los volúmenes para decidir con cuáles se quedaba y cuáles regalaba o tiraba, se decía una y otra vez que no dejaba de ser irónico que, después de pasarse una vida preocupado por las causas de todo, descubriera que las cosas más importantes del mundo no tienen ninguna y que son importantes precisamente por eso.

sábado, 22 de noviembre de 2014

La lección de un hijo

A mi amada

     -El bien es sacrificar la felicidad en favor de nuestros semejantes, el malvado es el que no reprime sus impulsos naturales para acatar las normas y cumplir con sus obligaciones -dijo mientras engullía un filete un director de banco a su hijo adolescente cuando este le preguntó cómo podría definirse el bien.
     -¿Y el bien es cosa de los inteligentes o de los tontos? -preguntó el chico.
     -Bueno, pues más bien de los tontos porque los inteligentes buscan sobre todo su provecho y además son más capaces de burlar las normas -respondió el padre.
     -¿Y hay que tener sentimientos o ser frío para ser completamente bondadoso? -preguntó el muchacho.
     -Preferiblemente ser frío porque, si eres muy apasionado, no puedes dominarte -respondió el padre.
     -Entonces, ¿las personas más inteligentes y más vivas interiormente son las más malvadas? -preguntó el adolescente.
     -Hijo, así dicho... Digamos que son las que más en peligro están de caer en la maldad -respondió el padre.
     -¿Es que el bien no tiene lógica alguna ni lo desean las personas por instinto? -preguntó el hijo.
     -No, no hay razón alguna por la que un ser humano quiera hacer el bien a otro, son tan solo las normas de convivencia las que lo exigen -respondió el padre.
     -¿Por qué te casaste con mamá entonces? -preguntó el hijo.
     -Hijo, eso son cosas del instinto reproductivo, que nos hacen buscar a un compañero del sexo opuesto -respondió el padre que ya estaba terminándose el filete que le había preparado su esposa.
     -¿Te casaste para reproducirte? ¿Como los conejos? -dijo el adolescente con cierto desdén.
     -La cultura hace de la reproducción algo muy complejo que no se parece en nada a lo de los conejos -respondió el padre-. Precisamente por las normas sociales existe la cultura.
     -¿De modo que te casaste con mamá para reproducirte y porque te obligaba la sociedad? -preguntó perplejo el inteligente adolescente.
     -Hijo, dicho así, es un simplismo, todo es mucho más complejo -respondió agobiado el padre.
     -Me has intentado aclarar lo que es el bien pero, si no encuentras razones para querer hacérselo a nadie -dijo el perspicaz adolescente-, no deberías presumir de inteligencia y, además, mamá se va a enfadar mucho.

martes, 18 de noviembre de 2014

El perfecto

A mi amada

     Un hombre no dio en su vida más besos que los que le obligaron a dar de niño y, cuando ya estaba muy anciano, pasó revista a su vida, lo encontró todo correcto y se murió.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Seis relatos con diálogo chocante (VI)

A mi amada

     -Quiero que las multitudes me aclamen.
     -Si te aclaman las multitudes, no lo harás perfecto.
     -Pues quiero hacerlo perfecto.
     -Si lo haces perfecto, no serás el mejor.
     -Entonces, quiero ser el mejor.
     -Si eres el mejor, no eres tú.
     -Quiero ser yo, en ese caso.
     -Eso no es necesario que te lo propongas.

Seis relatos con diálogo chocante (V)

A Susana Escarabajal Magaña

     -En mi país, las personas toman té todas las tardes.
     -¡Qué curioso! ¿Y, si una tarde alguien no lo toma, cómo hacéis para que vuelva a ser persona?

Seis relatos con diálogo chocante (IV)

A Txaro Cárdenas

     En una consulta de un dentista, un niño se acercó a un desconocido y comenzó a pellizcarle la mejilla.
     -Ismael, no molestes a ese hombre -le dijo su madre al ver lo que hacía.
     Y el niño, tras volverse a ella y mostrar en su rostro las señales de la perplejidad y el desacuerdo más hondos, dijo con toda la aspereza que cabía en su pequeño cuerpo como escandalizado por un abuso:
     -¿Ya estamos otra vez...?

Seis relatos con diálogo chocante (III)

A Sophia Soñadora

     -¿De qué nacionalidad es?
     -Mi patria es Rusia, doctor, país de hombres muy fuertes.
     -Su enfermedad es mortal e incurable, perdone que se lo diga así tan de repente. Le quedan pocos meses de vida. Tómeselo con filosofía, quizá le gustaría regresar al lugar donde nació...
     El enfermo ruso, tras un breve lapso de silencio en el que se mantuvo imperturbable, dijo:
     -¿Por qué lo dice, lo ha visitado usted?

domingo, 16 de noviembre de 2014

Seis relatos con diálogo chocante (II)

A Virginia Alva Nájera

     -¿Qué necesito para ser el hombre perfecto? -preguntó un joven ambicioso a un político en una fiesta.
     -Hipocresía -le respondió el político.

Seis relatos con diálogo chocante (I)

A Elisa Mar de Sosa

     -Me encantaría ser un hombre liberado y hacer solo lo que quisiera -dijo alguien a su amigo.
     -Pues adelante, ¿qué te lo impide? -le dijo el amigo.
     -No sé, es que no me gusta nada lo que hacen los hombres liberados -respondió él.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Ansias de grandeza

A Vicky Rodríguez

     -Federico, guárdame el secreto pero he leído Genealogía de la moral de Nietzsche y me he transformado del todo espiritualmente, ahora me siento liberado y lleno de arrogancia y con unas ansias tremendas de subyugar pueblos y humillar débiles -dijo un joven a su amigo sentado con él en un parque.
     -No hay problema, colega -respondió el amigo-, te pasaré un par de videojuegos.

martes, 11 de noviembre de 2014

El viaje

A mi amada

     -¿Falta mucho para llegar? -dijo un adolescente sin levantar la mirada del aparato electrónico con el que se entretenía.
     -¿Cuántas veces me lo vas a preguntar? -respondió su padre, que conducía el automóvil a velocidad moderada-. Te aseguro que llegamos, no te preocupes, disfruta del paisaje y no te sentirás tan agobiado.
     -El paisaje es normal y no me interesa -respondió el adolescente-, además, no puedo mirar por la ventanilla, mi videojuego requiere mucha concentración.
     -Cuando lleguemos, te vas a arrepentir de no haber mirado, es lo mejor de este viaje, mirar por la ventanilla -dijo el padre.
     -Para mí, no -dijo el adolescente-, yo solo quiero llegar.
     -¿Y qué crees que vas a hacer cuando llegues? -dijo el padre desdeñosamente-. Seguro que seguir jugando a tus videojuegos. ¿Qué diferencia hay entonces entre llegar y estar de camino?
     -Cuando lleguemos, podré jugar más cómodo en el PC de casa -respondió el muchacho.
     -¿Y qué tienen de bueno esos juegos tan absurdos? -preguntó enfadado el padre.
     -Mientras los juego, nada pero, cuando termino con una victoria, la satisfacción es bestial -respondió el adolescente.
     -¿Y cuántas veces al día ganas? -preguntó su padre.
     -Papá, que no entiendes -dijo el muchacho-, estos juegos son muy complicados, es muy difícil ganar. En un año, es posible que pase dos o tres veces nada más.
     -Estás obsesionado, ¿no te preocupan otras cosas? -dijo el padre-. Lo que vas a hacer en la vida, por ejemplo.
     -Pues lo mismo que tú, papá -dijo el adolescente-, prepararme una buena jubilación...

domingo, 9 de noviembre de 2014

La afrenta

A Sheila Uribarri

     Las lágrimas resbalaban por el rostro de un niño que iba en el asiento de atrás de un automóvil que conducía su padre, se sentía humillado porque, en casa de sus tíos, de la que acababan de salir, sus primos le habían escarnecido sin piedad alguna. Miraba el cielo de la noche por la ventanilla y su fantasía le hizo anhelar ser astronauta para alcanzar las estrellas y lavar con su heroísmo la afrenta de sus primos. Las estrellas estaban demasiado lejos había oído decir, no era posible alcanzarlas con un cohete pero cerró los ojos y descubrió que las tenía todas dentro.

viernes, 7 de noviembre de 2014

El fallo

A Isabel Cosin

     -Señores, a mí no me ha gustado ninguno de los concursantes -dijo un crítico en el tribunal donde se iba a decidir un premio de poesía-, no he leído más que cursiladas, todo sensiblería barata, no hay un solo aspirante con el espíritu disciplinado y sensato, son todos tan bobos que se limitan a hablar de sentimientos y estupideces por el estilo. Propongo que se declare desierto el premio.
     Pero uno de los miembros del tribunal, dijo entonces, lleno de espíritu de ecuanimidad:
     -No, hombre, vamos a ser educados y que se lo lleve el menos malo, a mí me ha gustado mucho la obra de Vital.
     -¿Vital? -dijeron los otros-. No participa ningún Vital.
     -Sí, lo tengo aquí -dijo aquel miembro perplejo por lo que los otros decían rebuscando entre los manuscritos; cuando al fin encontró lo que buscaba, lo mostró ante todos.
     -No, Sebastián -dijo alguien cuando lo vio-, esto no entra en el concurso, es un folleto de propaganda de una clínica dental.

martes, 4 de noviembre de 2014

El antropólogo enfermo

A mi amada

     Desde que comenzó a ser víctima de la enfermedad mental, sus estudios antropológicos habían caído en desprestigio, los círculos científicos mostraban su renuencia a admitir la autoridad de sus nuevos libros, sus opiniones ya no valían porque se le consideraba un estudioso capaz de dejarse influir por las emociones como si, para decir qué es un hombre, se tuviera que carecer de alma.